Por Thomas Jimmy Rosario Martínez, DVPR
Toda mi vida he estado rodeado de fotógrafos. Mi padre, sus dos hermanos menores Albert y Luis, sus compañeros fotógrafos de Vega Baja y de otros pueblos, siempre pulularon por los alrededores de mi existencia.
Muchos no saben que de niño y adolescente ejercí la fotografía también, primero haciendo visores en las bodas que retrataba mi padre y luego en el estudio y en los laboratorios de blanco y negro y color. Tomé también varios cursos, incluyendo una semana en Pako Industries en Minneapolis Minnesota para aprender técnicas de equipos de producción en masa en 1972. En el interín en que estudiaba para la reválida, operé una sucursal de Fotografía Rosario en Montecarlo. Ya había juramentado como abogado pero tuve que cumplir un último compromiso retratando una boda en Sabana en 1977.
He revivido mi pasado como fotógrafo porque el pasado viernes en la tarde tuve el honor de sentarme a compartir, en forma casual, con varios de los fotógrafos contemporáneos de Vega Baja, aquellos que mediante su arte y su dedicación está contando con imágenes la historia gráfica de nuestro Vega Baja amado.

Se trató de una actividad para compartir convocada por el Presidente de la Junta del Salón de la Fama del Deporte de Vega Baja Melao Melao, Miguel Vélez Rivera. Allí se agradeció al alcalde, funcionarios municipales yempleados y a personas particulares su dedicación para que la Novena Exaltación fuera exitosa. Los fotógrafos Ricardo Salvá, José Luis Maldonado Quirindongo (Luigi), Edgar Freytes, Rudy Rivera, Robert Rivera y Ana Avilés estaban presente, entre los miembros de la Directiva, Rafael Figueroa y otros invitados.

En el Diario Vegabajeño de Puerto Rico publicamos muchas de las imágenes fijas y en movimiento que estos excelentes fotógrafos tomaron en la actividad de diciembre. Sin duda produjeron la actividad deportiva mejor documentada de la historia.

Me toca muy de cerca el orgullo personal que mis amigos producen a nuestra ciudad. Esa dedicación y desprendimiento de todos tiene que ser un ejemplo como profesionales cada uno en su estilo. Con anterioridad y posterioridad hemos visto su evolución y aportación generosa para proyectar a Vega Baja como un pueblo con tradición histórica, de gran talento en sus ciudadanos, de actividad social y de lugares hermosos.
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Estos fotohistoriadores merecen ser reconocidos por las autoridades que nos representan. Ellos, sin escribir una letra, que de hecho también lo hacen, están formulando una historia indubitada de nuestra ciudad, para que en nuestro futuro halla algo más que la tradición oral para conocer nuestro pasado.
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