Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
En la Escuela de la HIstoria Vegabajeña todos los miércoles compartimos información sobre Vega Baja. En las últimas sesiones hemos ido trabajando cronológicamente desde la creación de Dios o la naturaleza, pasando por el descubrimiento y colonización (Siglo XVI), primeros años de interacción entre el aborígen y el español (Siglo XVII), la formación de Vega Baja (Siglo XVIII) y la formación del vegabajeño (Siglo XIX). Esta noche nos corresponde mirar el pasado en un siglo que nos es familiar porque fue en el que nacimos, crecimos y nos desarrollamos.
Los primero que me viene a la memoria es una canción del mexicano Mario López Ugarte, producida en 1959 y vocalizada por Johnny Albino y acompañada por el Trío Los Panchos:
«Tiempo que pasas tan aprisa, porque te llevas así mi corazón, soy muy joven y no quiero. que mi vida se disipe como brisa, sin amor y sin razón. No me atormentes ni me niegues tu sonrisa que pasando tan aprisa no hay amor con ilusión. Siglo veinte carrusel vertiginoso en tu corriente nos dejamos arrastrar siglo veinte de esplendor maravilloso que nos llevas presuroso en tu rápido final. Siglo veinte manantial de tentaciones en donde triunfa la maldad y la traición siglo veinte destructor de corazones porque te llevas tan aprisa mi ilusión.»
Vega Baja era lugar de nacimiento o de paso de nacidos en otros lugares que no tenían una vinculación muy fuerte con su pueblo hasta que llega el Siglo XX. Aunque en el Siglo XIX se construyó la zapata del vegabajeñismo, ni siquiera la palabra vegabajeño aparece hasta el momento en documentos que hayamos consultados. El Siglo XX, es pues, claramente cuando le decimos al resto del mundo que se fije en nosotros que aquí estamos viviendo.

Un vegabajeño que emigró a Estados Unidos llevó la música lejos como intérprete y compositor. Su nombre era Juan Tizol, autor de https://www.youtube.com/embed/r95flkZciJE?list=RDr95flkZciJE«>»Caravan», que interpretó la orquesta de Duke Ellington, canción instrumental que todos hemos oído pero que no sabíamos que la originó uno de los nuestros.
Pero quien realmente proclama el vegabajeñismo en el mundo musical es Fernandito Alvarez. Nieto,
sobrino e hijo de hacedores de cultura, elige la música como su vehículo de transportación a cada lugar desde el Campamento Tortuguero a Puerto Rico y luego a toda América Hispana. Su pariente Roberto Sierra ha sido secuela de esa gran familia, desde el pentagrama clásico. Esta es una buena oportunidad para visitar la exposición de Fernandito Alvarez en el Museo Casa Portela.
El política los vegabajeños siguieron participando localmente como en el Siglo XIX, pero otros trascendieron a la política y administración del gobierno estatal. En comercio, los principales aportadores a nuestra economía fueron los españoles y los descendientes de éstos y luego los que surgieron de esa escuela de ventas que eran sus negocios.
El arte, la literatura, el teatro, nuevas industrias y primicias se desarrollaron durante el siglo. Tuvimos al menos un importante evento que se conoció en todo el mundo, el Festival Mar y Sol, que aun después de cuarenta años su historia se escudriña por todos los rincones por los seguidores de la música rock.
El deporte y el entretenimiento se dio en un ambiente de triunfalismo, ya no se compitió para participar sino para ganar. En muchas disciplinas se establecieron récords. Los primeros mejores jugadores del mundo se conocieron a final del siglo, especialmente en el juego de la pelota. Hay un museo del Salón de la Fama del Deporte de Vega Baja donde se ha honrado la excelencia en ese ramo.
Al final de la jornada de hoy, no nos quedará que recordar y cantar otra canción de Los Panchos, «Un siglo de Ausencia»:
«Un siglo de ausencia voy sufriendo por ti y una amarga impaciencia me ocasiona vivir.
Tan separado de ti, pensar que no he de verte otra vez; fingir que soy feliz sin tu amor, llorar con mi dolor.
La vida inclemente te separa de mi y un siglo de ausencia voy sufriendo por ti.»