En la mañana del lunes 22 habrá una celebración de la bandera puertorriqueña, auspiciada por el Gobierno Municipal de Vega Baja. Como legislador municipal estaré presente, aunque creo que el mejor lugar para celebrarlo es donde por primera vez se ondeó nuestra bandera puertorriqueña, que es la Calle Acosta para el sepelio del Dr. José Gualberto Padilla en mayo de 1896.
Gracias al constante esfuerzo del amigo Jimmy Rosario, Padre, las dos fotografías existentes del evento nos hacen un pueblo privilegiado de estar vinculados a la historia de la monoestrellada de franjas blancas y rojas.
Nuestra bandera puertorriqueña, con una historia un poco confusa entre sus autores, es sin duda el símbolo más ilustrativo de nuestra nacionalidad y el más inclusivo. La bandera de Lares fue la pionera, pero arreglado su concepto se creó en Nueva York esta versión con los colores en otro arreglo en el diseño de la de Cuba. Se discute el azul y yo apuesto al azul claro, pero comoquiera es distinguible y distinguida.
Desde entonces no fue solo de los patriotas de allá, sino también de los de acá. En 1896 en Vega Baja, luego fue la insignia electoral del Partido Nacionalista y finalmente la bandera del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Tenerla en el pasado fue un peligro, era sinónimo para las autoridades de gobierno federal el ser «sedicioso», o sea, insurrecto y representaba su poseedor una amenaza para el estado.
Luis Muñoz Marín la sacó de la lista negra de objetos y la convirtió en la insignia del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Otra foto, tomada por Jimmy Rosario, muestra a Don Angel Sandín elevándola por vez primera en la Casa Alcaldía. Luego cada uno de los alcaldes hizo lo propio, siempre junto a la bandera americana hasta que Doña Juanita Rivera, Superintendente de Escuelas, enarboló la de Vega Baja en la celebración del Bicentenario en 1976, completando la trilogía de símbolos en tela.
La bandera puertorriqueña es, desde el punto de vista artístico, preciosa. Ha sido objeto de poemas y canciones como la de Bobby Cruz, Mi Bandera y !Que Bonita Bandera! una bomba-plena interpretada por Ramito, entre otras. Pero más allá de que todos la quieran por distintas razones, hay una unidad nacional que es la que sostiene ese amor colectivo, que a todos, estadistas, populares e independentistas, les emociona verla, ostentarla en la solapa y hasta ondearla.
Yo creo en la separación de Puerto Rico porque confío en los puertorriqueños. Creo sin reservas en su capacidad para tomar la administración y forjar un destino exitoso para nuestro pueblo. No necesitamos a personas desde afuera manejando los asuntos locales porque aquí tenemos, a mi juicio, las personas más inteligentes y honestas sobre la faz de la Tierra. No necesitamos un hermano mayor, un censor o un velador. Es momento de salir del cascarón en que nos hemos imbuido nosotros mismos y proclamar nuestro propio destino.
Aun cuando no esté conforme con la forma ni el lugar en que se celebra la bandera y aunque la ubiquen en lugares como atractivo para demostrar las «maravillas» que dicen hacer los políticos, estaré siempre presente para honrar la insignia puertorriqueña.
Y con esa presencia también sello la esperanza de que algún día y mientras más pronto mejor, la bandera puertorriqueña flote sola.


