
Por Thomas Jimmy Rosario Flores
Director Fundador DVPR
Cuando la Revuelta Nacionalista ocurrió, tenía 21 años. Acababa de servir en el ejército y regresé a Vega Baja después que fui licenciado.
Estaba escuchando la radio con las informaciones que se
producían en toda la isla y ya sabía que en algunos pueblos la cosa estaba más difícil que otras. Decidí ir a Arecibo y ataviado formalmente y con mi cámara en mano me paré a esperar carro público en la Carretera Número Dos. Allí me divisó Obdulio Meléndez Mena, quien venía en un camión de la Guardia Nacional y quien estaba al mando del convoy de guardias nacionales que se dirigía hacia Arecibo y luego a Utuado.

En Vega Baja ya había retratado el cuartel y un Jeep militar. Había sacos de arena en prevención de cualquier ataque. Cuando llego a Arecibo, me encuentro con un tiroteo entre nacionalistas y miembros de la Guardia Nacional de Puerto Rico. Estos soldados me escoltaron al techo del Hotel Mir para poder tomar fotos desde el techo del edificio.
De ahí partimos a Utuado. Habían atacado el cuartel y había tres personas muertas. Solamente pude retratar los zapatos de los fallecidos. Fuimos a la escuela Vocacional donde recogí varios casquillos que luego El Imparcial publicó.
Al subir por una escalera en la casa del «Jefe» de los Nacionalistas en dicho pueblo, , me percaté que habían dos tubos de dos pulgadas de grosor sellados y le notifiqué a la Guardia Nacional. No me permitieron el paso hasta que las verificaron. Aquella gran y majestuosa casa estaba en desorden, revolcada. Retraté un muerto con una bandera puertorriqueña cubriendo su cuerpo.
De ahí fui a un restaurant donde le entregué al Corresponsal de El Imparcial las placas en crudo y los casquillos que recogí.
Recuerdo que en el Hotel Baleares de Arecibo, un vegabajeño fue herido en un tobillo.