
Momento sublime cuando el autor de una de las canciones grabadas por Salsa Timba y Son, Hector Figueroa, los acompañó en el escenario. Foto Robert Rivera.
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Generalmente el cronista tiene la facilidad de escribir la historia de cada actividad humana que presencia. Pero para mí, acostumbrado a noticias intensas en que a veces tengo que tomar un lado, me he quedado sin palabras. Fue una actividad perfecta.
No es porque mi hijo cantara en dos de las orquestas que se presentaron, que tiene sus méritos que no me corresponde decir. Es porque el ambiente festivo, la fidelidad a los valores históricos y tantos vegabajeños preparando el evento, participando en la organización y disfrutando, hicieron un momento memorable dentro de nuestra historia. Eso se llama vegabajeñismo.
El organizador del evento, Freddie Ramos, estuvo meses trabajando en reunir el talento. Algunos músicos habían fallecido, enojado, con dificultades emocionales y económicas o se habían retirado de la música. Pero allí estaban, como ejecutores o espectadores. Y eso hizo la magia.

Pedro Brull con Exodo ’74. Foto Robert Rivera
El autor de nuevas letras, Héctor Figueroa Casanova, hizo presencia y recogió los laureles virtuales de las dos composiciones Pasajero de la vida y Hoy. Pero la estrella de la noche fue el factor cohesivo de Pedro Brull Irizarry, quien fue el cantante original de la orquesta y de donde emergió para convertirse en uno de los más reconocidos salseros de Vega Baja, de Puerto Rico y del mundo.
Tenemos mucho material fotográfico que Luigi y yo producimos y que en los próximos días habremos de ir filtrando en las páginas del Diario y Cultura Fest. Lo gratificante es que se respondió al llamado del Director de Salsa Timba y Son y al comienzo del primer set de Exodo ’74 habían cámaras tomando fotografías y películas, haciéndose un show dentro del show.
Ya he visto muchas fotografías en la red de Facebook. Robert Rivera, con su gran sentido de la historia, se adelantó y posteó excelentes imágenes. Roberto (Bobby) Díaz estaba haciendo un vídeo, como siempre, captando la historia en movimiento.
Vimos muchas caras que se habían extraviado por décadas. Dí abrazos, besos y mis labios se pasmaron en toda su expresión facial pues estuve riendo toda la noche, aunque de vez en cuando se me salió una lágrima. Extrañé a los que no estaban en una situación irrepetible aunque sirva de estímulo para una nueva era de las grandes orquestas.
Todos los vegabajeños, de todos los tiempos, merecemos de energía de aliento de vida como esa. Fue un ejemplo de compañerismo, de amor y de esperanza.