Ideario Vegabajeño| Roberto Ramos Barreto|Bienaventurados sean los bosques

Bienaventurados Sean Los Bosques, Discurso del Agrónomo Roberto Ramos Barreto en la inauguración del Bosque Urbano Martes 8 de abril de 2014

Vega Baja es un pueblo inmenso en su acontecer histórico y en la inventiva para realizar obras ingentes.

Crear un Bosque Urbano, en épocas controversiales, cuando la cementocracia impera, requiere inteligencia y valentía.

Convencido de las bendiciones del bosque, mi pueblo decidió crearlo en el costado occidental, en un área excepcionalmente bella.  Entiende “La Villa del Naranjal” que crear bosques es crear vida.

Sin embargo, desde Ginebra, Suiza, “El Fondo Mundial para la Naturaleza” advierte que si no se detiene la bosquefobia, en cincuenta años desaparecerán los bosques.  Existen 3,000 millones de hectáreas de bosques en el mundo, la tercera parte de la Tierra, que pudieran estar desapareciendo para el año 2040.  La noticia podría parecer extraña si no la contrastamos con lo que está ocurriendo en nuestro entorno y en países vecinos.

Personalmente fui testigo de la dolorosa experiencia de la destrucción de un bosque.  Ocurrió en el pueblo de Trujillo Alto, a donde fui a ver un potrero a invitación de mi hijo José Miguel.  Mientras admirábamos los ejemplares equinos, en la parte alta de la finca, en donde ubicaba el potrero, se escucha un ruido ensordecedor.  Los árboles empiezan a caer arrancados de raíz.  La polvareda era incesante.  Los pájaros volaban despavoridamente.  ¡Un bosque virgen había sido violado y destruido!  En su lugar, ahora sólo hay cemento, majestuosas residencias, que se erigieron para llenar las arcas de un desolador de la naturaleza.

Recientemente la prensa nos informó de la destrucción de una arboleda de más de 300 árboles en la ciudad Señorial de Ponce.  Los cercenaron para darle paso al cemento.  De los árboles truncos de Ponce sólo quedaron los troncos de sabias llorosas, para mostrar la ingratitud de alguna gente.  Subirá la temperatura, que producirá calor excesivo en Ponce, de por sí calurosa, seguramente que ocurrirá.

El Yunque, que es considerado una de las maravillas del mundo ya le han empezado a sembrar cemento en sus costillas.  Un viaje al litoral noreste nos mostrará palacetes en las alturas cercanas al Yunque y uno se pregunta: ¿Cómo diablos fabricaron esas casas allá arriba? La contestación es sencilla…..tumbando bosques.

En Haití, cercano a nosotros, ya casi no quedan bosques.  Se usan los bosques pero no se reforesta y las consecuencias son funestas, en un país considerado entre los más pobres del mundo.

El árbol y su hogar, el bosque, han sido motivo de inspiración y preocupación para poetas y escritores.

El insigne escritor costumbrista puertorriqueño, Abelardo Díaz Alfaro, nos advierte lo siguiente en su escrito “La Muerte del Verdor”:

“Con la muerte de la floresta, con la muerte de los árboles, egregios y nobles, se irán los pájaros y con él los hombres.  Hombres y pájaros enjaulados, hombres y pájaros en éxodo, en busca del verdor.  Estamos ante una disyuntiva: tierra y verdor contra cemento y varilla.  Y en el cemento y la varilla no florecen los rosales, ni espiga la flor, ni crece el fruto, ni brota el trino”.

El bosque es algo más que un conjunto de árboles, es un conjunto de vida. Nos lo dice la poeta puertorriqueña Carmen Alicia Cadilla cuando expresa:

             Cuando yo pienso árbol,

            El alma se me aúpa

            Más allá de las ramas

            Y el eco le responde:

            Raíz, trinos, estrellas

            Sol, a las nubes

            Savia, rocío, nidos, renuevo

 Esta conceptualización del árbol que la poeta plasma en ese mensaje es profundo y veraz.

 El árbol no puede mirar para otro lado que no sea para el cielo.  Así nos lo recuerda la insigne poeta chilena, premio Novel de Literatura, Gabriela Mistral, que además le llama al árbol, hermano:

        “Árbol hermano que clavado por garfios pardos en el suelo, la clara frente has elevado en una intensa sed de cielo”.

 Por otro lado, el escritor argentino Constancio C. Vigil nos asegura que:  “Vale más plantar árboles que erigir estatuas, que no crecen, ni alimentan, ni abrigan, ni educan como los árboles”.

  Coinciden los escritores en señalar la grandeza del árbol y en el prodigio de los bosques y Vega Baja lo entendió así y creó en un lugar pintoresco y hermoso, El Bosque Urbano de nuestro pueblo, primero en Puerto Rico.  Lugar privilegiado porque cuenta con vecinos legendarios como la Escuela Elemental José Gualberto Padilla, cuyo nombre honra la memoria de un prócer que se cubrió de honores defendiendo a la mujer puertorriqueña de los ataques de un malagradecido español que la insultara.  Cuenta también con un vecino espectacular como lo es la imponente Plaza del Mercado que honra la memoria de un distinguido agricultor vegabajeño. 

Además cuenta con un vecino que recién cumplió los sesenta años y que realizó el milagro de convertir ciento sesenta y cinco dólares en activos ascendentes a cuarenta y tres millones de dólares.  Se trata de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Vegabajeña. 

El Bosque Urbano, emblemático proyecto de la Administración del Honorable Marcos Cruz Molina, alcalde de la ciudad bosquecina, crecerá como creció el bosque en el desierto El Neguev de Israel.

Yo fui testigo de ese milagro que se realizó llevando las aguas del Río Jordán en el norte hasta el desierto, localizado en el sur del país.  Árboles egregios, hermosos, buscando cielo en el desierto con las aguas con las cuales bautizaron al Redentor.

 El ejemplo que ofrece Vega Baja es admirable.  El proyecto está en armonía con la “Creación”.  ¡Qué destruyan otros y paguen las consecuencias!

 Cuando el bosque culmine su esplendor, aparecerán las aves cantoras que en trinos cautivantes anunciarán las glorias de un pueblo maravilloso como lo es el pueblo de Vega Baja.

 Y entonces podremos decir con Beethoven, el inmortal compositor de “La Sinfonía Pastoral”: Dios Todopoderoso, siento que me bendices en el bosque, feliz es todo ser en él.  ¡Cada árbol habla a través de ti, oh Dios!  ¡Qué gloria la del bosque!  En la altura de las copas está la paz.  La paz para servirte a ti.

 Doce años después de esas expresiones Beethoven falleció y en la copa de los árboles encontró la paz mientras se dirigía al bosque eterno.

 ¡Dios bendiga el Bosque Urbano de Vega Baja y bendiga también a las mentes que lo concibieron y a las manos que lo desarrollaron!

"Árbol crece y dale sobre a Vega Baja"

«Árbol crece y dale sobre a Vega Baja»

 

*Mensaje ofrecido en ocasión en que se le diera mi nombre al Bosque Urbano.

 

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