Recientemente estuve en Ponce en el lugar histórico de la Masacre de Ponce, lo cual lastimosamente tenemos en nuestro pasado colectivo. Todo buen puertorriqueño debe hacer un peregrinaje a este lugar, visitar el Museo y conocer la historia de lo que allí pasó.

Lo que se vivió por gente desarmada e inocente en un clima de intolerancia y discrímen político nos puede servir de lección para que una situación así no vuelva a ocurrir. No se trata solamente de los derechos de los independentistas sino de los derechos constitucionales de los puertorriqueños que se violaron hasta con la privación de la vida.
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