Hace 46 años. 15 de marzo de 1968, yo de 24 y mi título de abogado de 2. Dos hijas bellas y distintas y mi papá en el Hospital San Carlos. Era un viernes. El lunes anterior, 10 de marzo, mi papá me había pedido que lo acompañara a una vista preliminar. Fuimos, pero a mitad el se sintió mal y le pidió al juez, Luis Totti Lugo, de triste recordación por su inmensa incompetencia, como juez y como ser humano, la suspensión. Ordenó que se continuara el viernes. Asistí a pedir otra suspensión, porque el verdadero abogado del caso estaba muy mal en un hospital, pero el juez me obligó a entrar a la vista, que se extendió sin receso hasta la tarde. Fui al hospital y, al entrar, sostuve la puerta para dejar pasar a dos damas que salían, en momentos en que una le decía a la otra: «oye, el que acaba de morir aquí fue Gilberto Concepción de Gracia». En medio del dolor de la noticia destemplada, cargué la pena de la no despedida y la rabia de la insensibilidad de un juez que no sabía qué era la Justicia. Hoy hay solo el vacío que dejó mi líder, mi jefe, mi padre, mi maestro, mi amigo…

Don Gilberto Concepción de Gracia en Vega Baja, 1964 frente de la Casa Alcaldía, en una modesta tribuna donde espeques sostenían la iluminación.
Fototeca Jimmy Rosario, #2554