El contar hoy cada día que pasa tiene para mí un significado tan diferente a como los contaba antes… antes era un día más, hoy es un día menos…
Veo los cañaverales del Cibuco, la finca El Ciclón, ambos lados de la carretera 688 altos con sus guajanas siendo acariciadas por la brisa mañanera y del atardecer, esperando por el filoso machete de los diestros cortadores de Sabana, Breñas, Cerro Gordo, Cucubano, Carmelita y Sabana Hoyos.
La rica caña mayaguezana con sus entrenudos anchos y llenos de azúcar. Salivo al pensar los chorros que de mi boca salían. Veo los carretones salir , y los camiones abultados de los hermosos tallos.
Camino entre sus callejones que me doblaban la altura. Son las 4 de la tarde y veo los sudorosos cuerpos y el caminar descalzo con sus camisas grisáseas, del tizne de la zafra… detenido en el tiempo 1957.
Necesitaba trabajar como todo adolescente quería hacerlo. Asi que fui a entrevistarme con la postmistress Carmen Torres. Si, allí , en la parte de atrás de la Casa Grande de la Central; claro, en nuestro correo.
Necesitaban a alguien que entregara las llamadas cartas especiales. El trabajo consistía en ir temprano a recoger dichas cartas, al correo de la Central las cuales habia que entregarlas a la persona a la que iba dirigida. Localizarla en Sabana, Sierra Maestra y Paso Nivel. La persona tenia que firmarme el papelito de entrega como evidencia. Volver al correo y entregar el papel. Acepté el empleo. Tenia que ir y volver a pie. No tenía bicicleta y me pagaban 10 centavos por cada una de ellas. Había veces que solo existía una carta. Y tenía que ir a la escuela por la tarde.., Detenido en el tiempo 1959-60.
Ese fue mi primer empleo. Lo ganado lo invertía en comprar sellos de ahorro que costaban 10 centavos para pegarlos en una libreta y cuando completaba la libreta que hacía un total de 18 dólares los cambiaba para comprarme ropa u otros artículos. Ah, recordé que pagaban 9 centavos por carta, no 10…