Historia Vegabajeña| Víspera de Reyes

TJRM por Edgardo Pabón

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez,I.E.H.V.

La celebración de los Reyes Magos en nuestra tradición vegabajeña y puertorriqueña en realidad dura al menos tres días.

La Víspera es un día instiitucionalizado por la tradición. Es un día generalmente de corecorre final para algunos padres, de actividades y fiestas y al final los que tienen niños en su hogar o en su consideración, habrán de preparase para ver la alegría de ellos al despertar, al encontrarse con ellos y en las calles.

En mi casa, la tradición de los Reyes fue la que siempre predominó. La orientación política de mi padre -independentista- imponía la omisión de Santa Claus y realzaba la celebración del Día de Reyes. Por eso, el día antes -5 de enero- era un día de emociones para ellos y para nosotros, sus hijos, Flor, Jossie y yo.

En mi recuerdo, está la búsqueda de la yerba, ponerla en una caja de zapatos y guardarla debajo de la cama. Las camas, eran entonces de pilares en cada uno de sus cuatro lados y se levantaba como un pié del piso, lo que permitía ubicar el producto vegetal que “los camellos comían”.

La Fiesta de Reyes era la última celebración. Como a veces el día de Reyes lo sucedía el regreso a las clases al otro día, se inventaron la canción para que los niños tuvieran días adicionales para jugar “con los juguetes que le trajeron los Reyes Magos en Navidad”. Por eso digo que la celebración de los Reyes Magos dura al menos tres días.

Los vegabajeños han sido autores de muchas contribuciones en esta tradición. Hay poetas, compositores, talladores, pintores y escritores que han tratado el tema con una imaginación extraordinaria. Lo último que he leído es un ensayo de la poeta Violeta Landrón Quintero incluído en Acontecer Intimo de Roberto Ramos Barreto, titulado “Aquellos Reyes de Antaño” donde nos da una visión de cómo eran las celebraciones navideñas y en especial la Fiesta de Reyes en ese barrio de Vega Baja, junto a infinidad de otros datos generales en su corta obra.

Para mí, siempre llovió la Víspera de Reyes. Mi hermana Flor Rubí que usualmente acentuaba sus emociones y le teníamos respeto por ser la mayor, nos decía que una vez le tocó un zapato a uno de los Reyes. Nunca encontramos la yerba, pero encontramos “rastros de sus calzados” y el recuerdo de imágenes que creímos ver.

El día posterior tiene otras historias. Pero mi recuerdo de esa noche larga, donde los nervios no nos dejaban dormir, me hacen recordarla como la mejor noche de mi niñez. Los reglalos generalmente se compraban en las tiendas de los comerciantes de Vega Baja.

Para otros vegabajeños que tenían la fortuna de recibir, también debe haber sido así. Los demás, cuyos padres no alimentaron la imaginación o se les acortó antes de tiempo, su único regalo tal vez fuera el que le dieron los alcaldes de Vega Baja y algunas almas caritativas que compartieron sus propias Navidades.


Este escrito lo hice el pasado año para un día como hoy. Revive toda una vida de nostalgias y buenas experiencias originadas por mis benditos padres. Este año, hay que seguir escribiendo la historia con las notas que nos da el presente.

La alegría evocada es tristeza en este momento. Mi madre Carmen O. Martínez González (Yuya) se encuentra en un pasillo del Centro Médico de Puerto Rico esperando un diagnóstico por unas aperturas aparentes en el sistema vascular de su cabeza. Ya un neurocirujano la atendió y estamos esperanzados de que si se trata de una cirugía; hace poco tiempo mi padre tuvo una similar cuando albergó tres coágulos en el mismo lugar y salió exitoso de la Sala de Operaciones. Ya ha sido transfundida con plaquetas y es posible que se tome igual medida en las próximas horas para fortalecer su sistema sanguíneo.

El Día de Reyes es su aniversario de bodas. Por causalidad, Ana Miranda Lafaye, madre de su gran amiga de toda la vida, Anilda Torres Miranda -madre de quien esperamos tributar su vida hoy o mañana en la Funeraria Fuente de Luz y el Cementerio Municipal, fue quien le preparó el bizcocho de bodas para aquella mañana del 6 de enero de 1951. Coincidencias penosas se unen pero yo pienso que tenemos mucho que aprender de esa experiencia de vida.

!Larga vida para Anilda en nuestro recuerdo y a Yuya en el resto de su existencia!

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