Víctimas

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Thomas Jimmy Rosario Martínez
Thomas Jimmy Rosario Martínez

Nos alegra que el asaltador de la farmacia haya sido capturado. Eso indica que una parte de la Policía Estatal está haciendo su trabajo. Pero aun nos sustraemos de la pena que nos causa que una jóven alegadamente haya atentado contra su vida con un arma de su padrastro en Almirante y que un hijo haya atentado contra su madre y luego se hubiera suicidado en el Puente El Indio.

Por todas partes vemos la palabra crímen, pero ese es el resultado, no la enfermedad social ni la condición individual. Cuando hablamos de la interioridad mental que desemboca en un suicidio, homicidio o magnicidio, nos referimos a un espacio dentro de la mente de alguien que en un momento dado no fue atendido a tiempo por la persona, por los que le rodeaban ni por las instituciones de servicio como la policía, los jueces y las instituciones médicas.

Detectar a un criminal en potencia no es tarea fácil. Los padres y los hijos somos generalmente  lenientes con nuestros familiares y tratamos de minimizar las cosas malas que podrían generarse de unos signos de inestabilidad. Creemos que el tiempo lo cura todo y lo atribuímos a falta de madurez o de experiencia para poder enfrentarse a los problemas de la vida de una forma eficiente.

Pero hay cosas que se pueden hacer. Una es no tener armas de fuego ni de ninguna otra clase que puedan precipitar a una actuación fatal contra alguien cercano o uno mismo. Las armas nos dan la sensación de poder pero son muy pocas las ocasiones en que podremos utilizarlas con el tiempo y la situación idónea para evitar un daño o peligro menor.

Otra es asegurar nuestro perímetro de acción, porque muchas de las circunstancias adversas se dan en lugares familiares o de trabajo de las víctimas. Hoy día uno confía después de tomar las medidas de seguridad, no antes.

Cuando tengamos una situación de inestabilidad emocional, hay que alejar quimicos, acelerantes, armas, medicidas y todo aquello que represente una oportunidad para que la persona pueda hacer daño a sí misma, a nosotros o a terceros y estar pendientes como cuando hacemos con los niños que sabemos que si dejamos un cubo lleno de agua, podrá ahogarse en el pequeño espacio del agua.

Las autoridades médicas deben revisar sus protocolos con los pacientes mentales. Aparentemente, en el caso de Doña Julia estaba vigente una orden de ingreso para evaluación de la condición mental a su hijo y fue dado de alta tempranamente sin detectar el peligro de lo que ya sabemos. Trató de matar a su madre y al darla por fallecida, se suicidó. Ahí la policía y el tribunal aparentemente hicieron su trabajo, pero por problemas de cubierta de seguros médicos, no se le dió la importancia de su condición peligrosa y se despachó al enfermo mental.

Esta fue, a nuestro juicio, una tragedia prevenible. Doña Julia había expresado que temía que su hijo la matara.

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