Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Manuel Cidre ha expresado que quiere ser gobernador. Por muchos años ha sido un industrial exitoso y responsable dentro de su círculo y en su atisbo de ancianidad piensa que su experiencia puede ser beneficiosa.
Para nosotros, que vivimos en la burbuja de los partidos políticos, nos parece una aventura quijotesca. Pero es que no entendemos cuál es su verdadera intención.
A Cidre lo identificamos con la industria del pan, como a Don Luis A. Ferré por el cemento. Ambos vienen de familias cubanas y han sido industriales. Y los dos han sido soñadores que pusieron su obra en el pueblo antes de ocupar cargos públicos.
Don Luis fue un político derrotado varias veces, pero estuvo presente cuando se hizo la Constitución de Puerto Rico como un delegado importante y en la Cámara de Representantes antes y en el Senado después de ser gobernador. Pero la parte de Don Luis más importante no fueron sus incumbencias, sino su aportación en la forma de gobierno, la cultura y la defensa y prevalencia como una preferencia importante del ideal de la estadidad.
Cidre ha seguido el camino de la colaboración con el gobierno, con ideas para instrumentarse en el proceso puertorriqueño y para desarrollar un mejor futuro. Al igual que Alexandra Lúgaro, está aportando una perspectiva más amplia que la visión tradicional. Tal vez no gane, pero dejará su huella que, de seguro, otros candidatos más afortunados dentro de las insignias puedan aprovechar cuando sean elegidos.
Cidre es un candidato a cambiar paradigmas, no a ganar. El no lo necesita, en la realidad no lo busca ni tampoco lo va a lograr. Pero va a ser incluído como un factor cambiante de la historia de Puerto Rico. Ya lo verán.