
Agradecemos que se nos haya provisto de la copia escrita en formato PDF el Informe de Finanzas y Actividades correspondiente al presente año fiscal. Nos había indicado un legislador municipal que el informe original tenía errores y se nos confirmó que se corrigió el mismo.
La historia no es corregible. La historia son los hechos, buenos o malos, de la gente, las instituciones, los objetos, los lugares y los eventos. Pretender corregir la historia es mentir, porque el paso de la vida y la actividad humana no puede revisarse para sustituír lo que ya aconteció.
Cuando el Informe se presentó a los legisladores, tenía una extensión, unas cuartetas y un número de caracteres. Si el mismo no se revisó oportunamente y en forma adecuada, la honestidad se demuestra diciendo la verdad.
Hace unos años, el alcalde Edgar Santana solicitó de su delegación que se desapareciera una resolución censurándolo, circunstancia única en nuestra historia que no se ha repetido. Inmediatamente que nos enteramos, nos pusimos en vela para evitar que se destruyera el documento y la grabación de aquella sesión en que se aprobó. Eso es un delito, pues los documentos municipales son el reflejo de acuerdos de un poder claramente establecido por ley y respaldado por la democracia que nos permite el derecho constitucional de Estados Unidos y Puerto Rico. La experiencia del Presidente Richard Nixon nos dió la luz adecuada para prevenir ese crímen de cuello blanco.
Enmendar un informe escrito, presentado y sometido en una sesión debidamente convocada y presidida fuera del recinto oficial de dicho poder, es alterar un documento oficial. No es que no se pueda hacer siguiendo los trámites legales, pero nos da la sensación de que a la prensa local se quiso engañar cuando el alcalde leyó un informe, lo entregó a los legisladores municipales para que lo evaluaran y pudieran hacer legislación y ahora publica otro. Disitnto es dar un discurso no oficial a una concurrencia, como hacía el Presidente de la Universidad, Jaime Benítez, quien hasta segundos antes de sus mensajes estaba corrigiéndolos para que fueran efectivos. El del alcalde fue un mensaje ante una sesión legislativa que ni siquiera en teoría el controlaba porque la había convocado el poder legislativo, mientras que él pertenece al ejecutivo.
Los oficiales municipales saben que nosotros no buscamos minucias, por el contrario, servimos de facilitadores para que las ideas y actuaciones buenas se logren y se reconozcan. Pero en ocasiones las estrategias del alcalde para proteger su imágen de una persona pulcra, honrada, inteligente y certera- como último supervisor de todos los empleados municipales– nos parecen que no corresponden a la persona que conocemos.
En esa forma de actuar su slogan es adecuado, está marcando la diferencia. Mientras lo usa como propaganda, aunque sea verdad en el mejor sentido de la comparación con lo que había antes y aun antes de antes, es una obvia referencia a su nombre de Marcos y eso no debe ser. Nadie debe usar fondos públicos para crear o promover una imágen personal y política, aunque sea el mejor funcionario del mundo y la gente confíe en él. Los que saben un poco de mensajes subliminares saben cómo trabaja esto dentro de la mente del ser humano.
La manera de promover el mensaje como uno de logros nos parece también inadecuado. La gestión administrativa real de todo gobierno tiene logros y fracasos. No todo lo que brilla es oro y en ocasiones hay más barullo que sustancia. No todo el mundo está conforme con todo lo que hace, pero en cualquier circunstancia hay que mantener el decoro y la prudencia.
Este alcalde es muy bueno. No sólo lo digo yo, lo confirma el 61.6% de los usuarios de nuestro diario, que lo califican de excelente. Otro 10.5% opina que es bueno, por lo que cerca de setenta y dos de cada cien personas opinan positivamente de su labor administrativa. Para volver a ganar la alcaldía ni siquiera tiene que tener la mitad pero el tiene cerca de tres cuartas partes del pueblo con su afecto. Pero tiene potencial para ser excelente y favorecido por todos aquellos que las gríngolas partidistas no les permiten aceptar que tiene obra a pesar de la situación económica municipal y el lío generalizado que dejaron los anteriores. En la medida que deje de ser un político buscavotos, se convertirá en el alcalde de todos.
Marcos Cruz Molina debe ponerse menos creativo en tratar de mantener imágen dentro de los recursos publicitarios del gobierno municipal y exponer su personalidad verdadera de integridad moral, servicio y asertividad en su desempeño. El no necesita ese exceso de poder, porque los excesos dañan lo que por naturaleza podemos todos celebrar. Esto no lo decimos por primera vez, pero como se sigue dando con la chola en la laja, debe prevenir que comience a sangrar.
