Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Por haber residido en el casco del pueblo de Vega Baja y siempre haber estado cerca de él, uno puede recordar, como testigo de la historia, cómo las actuaciones de las personas van cambiando de tiempo en tiempo.
Para Santa Clara, el alcalde era Angel Sandín Martínez. La organización de emergencia no era la de unos empleados bajo la Oficina Municipal de Emergencias atada a la Oficina Estatal de Emergencias, sino una institución de pocos empleados y ciudadanos voluntarios que se llamaba Defensa Civil. Esto fue creado después de la Segunda Guerra Mundial para atender emergencias, especialmente que pudieran causarse por asuntos de guerra, pero fue muy útil durante su existencia. Hoy día a los ciudadanos se les entrena bajo el programa CERTS, pero no tienen el vínculo que antes tenían los voluntarios de la Defensa Civil con el Gobierno Municipal.
1956 fue un año electoral. Como es usual, el alcalde popular aprovechó para ayudar a los ciudadanos con materiales para arreglar sus casas luego de la emergencia. Con eso cimentaba el compromiso de los electores favorecidos y agradecidos de un «buen alcalde».
Para ese tiempo las ayudas se daban directamente desde la Casa Alcaldía. Posteriormente, en los años en que estuvo Luis Meléndez Cano como alcalde, se utilizó la Cancha Moisés Navedo.
Para 1956 y las siguientes décadas, el comercio se encontraba mayormente ubicado en el casco del pueblo. No se compraba, como ahora, el agua embotellada ni en galones de plástico. Eso no se acostumbraba ni había el producto disponible. Yo pienso que ni se concebía comprar agua fuera de la que la Autoridad de Acueductos servía.
Había supermercados como el López y el Lucky Seven Cano. Colmados en cada calle y vendedores ambulantes por dondequiera. Se vendía quinqués, gas kerosene, linternas, baterías y radios de transistores. Todos se abastecían de alimentos. La Escuela Padilla y la Superior eran los refugios principales. Luego fue refugio la nueva Escuela Intermedia Urbana Angel Sandín Martínez.
En el área rural, acostumbrados a las carencias, quedaban a veces aislados por caídas de árboles o las crecidas de los ríos, pero manejaban la situación de emergencia con una solidaridad vecinal ejemplar. Para entonces los barrios eran la unidad que luego se dividieron en comunidades como es ahora. Y en cada barrio había un «alcalde» o «emisario», generalmente persona con poder económico y político a donde todos acudían en primera instancia a resolver sus problemas personales, familiares y comunales los vecinos.
El progreso que trajo las nuevas urbanizaciones de Villa Real y Brasilia provocó inundaciones y problemas a sus vecinos, a las vías de tránsito y a las escuelas circundantes. Posteriormente se ha sabido que las bacterias de las aguas infectaban a los que en medio de la noche tenían que salir de sus hogares por estar inundándose. El ciudadano aguzado optó por tener muebles viejos para después reclamarlos como daños cuando las agencias federales, estatales y el Gobierno Municipal se acercaba para ayudarles a mitigar pérdidas. La astucia se opacó cuando se comenzaron a radicar casos criminales contra los reclamantes y se exigió el seguro de inundaciones para poder cubrir elegibilidad.
Vega Baja siempre ha sido un lugar privilegiado por el agua. El agua, para cualquier civilización, es progreso. Lo sabían los aborígenes que tenían sus casas sobre palafitos en el Río Cibuco. Por eso hay un puente en el lugar conocido como «Paso del Indio». En toda la costa frente al mar, había también presencia de ellos, buscando los alimentos que daba el mar.
Almirante se llama así porque eran tierras que desde el principio de la colonización se supone que se concedieran al Almirante Cristobal Colón. Obviamente, por pasar un río por ellas, era el lugar favorito e ideal para el éxito de las empresas comerciales implícitas del Nuevo Mundo. Luego las Leyes de Indias establecieron por escrito que una de las condiciones para crear una villa era que tendría que tener un río cerca.
Vega Baja tiene una gama completa de recursos hidrológicos. Ríos, lagunas, quebradas, manantiales, caños, aguas subterráneas, mar y un buen recurso pluvial, por ser un pueblo del norte, favorecido por el fenómeno de los vientos alisios. Una tormenta como Erika nos debe proporcionar la materia prima para reabastecer y continuar la vida que trae el agua de donde se nutre nuestra ciudad para vivir.
Veremos que cambios en nuestras costumbres puede traer este y futuros eventos.