Estamos perdiendo el casco del pueblo a plazos

Thomas Jimmy Rosario Martínez
Thomas Jimmy Rosario Martínez

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Desafortunadamente, por muchos años y bajo las últimas cuatro administraciones, el Gobierno Municipal no ha atendido adecuadamente el problema de la seguridad en el casco urbano, por lo que de noche y  de día, el vandalismo, escalamiento y robo se repite aun a la vista de todos.

Un desacierto ha sido dejar caer la fuerza policíaca municipal y con el problema económico y dificultad en reclutamiento ya no es una opción a corto plazo, pero la Policía Estatal tampoco ha sido efectiva.

Los dueños de propiedades lo están perdiendo todo. No hay metal que se salve gracias a los que abarrotan y compran propiedad hurtada en Alto de Cuba, que todos saben quienes son y en los centros de reciclaje, que no preguntan de donde vienen esas piezas. Los aires acondicionados son inutilizados porque se les saca el cobre y en el proceso se dañan las demás piezas. A las puertas comerciales se les desprenden los mangos y las partes movibles. No hay ventanas de aluminio que duren.

La presente administración no tiene un plan conocido para resolver este problema. Posiblemente sea uno de los puntos deficientes con los que tendrá que lidiar cuando solicite la renovación de su mando el próximo año, porque oportunidad de elaborar un proyecto y de ponerlo en efecto ha tenido.

Mientras tanto, los comerciantes y residentes esperan a los cacos con armas de fuego, machetes y tubos debajo de los counters por si la escalada de hurtos se torna en agresivos robos. Los dueños de edificios, una vez los desmantelan, pierden el interés en ellos porque no hay clientes para arrendamientos. Con la recesión, han perdido el valor de venta y ¿para qué?, si se roban los materiales de construcción y luego, de nuevo, lo que se construye.

El Gobierno Municipal ha sido la primera víctima. No hay historia que se salve en Vega Baja porque cuanta tarja existía fue desaparecida, incluyendo la explicación de la obra de Buscaglia sobre la historia de nuestra ciudad en la misma Plaza de Recreo. Pero más allá de ese efecto cultural, está la inseguridad, el temor y el sufrimiento de los vegabajeños de que lo que se edifica con empeño, orgullo y propósito de progresar individual y colectivamente, termine el día menos pensado en manos de quienes no lucharon por eso y peor aun, para sufragar vicios y transacciones en el bajo mundo.

Esto no es cuestión de estadísticas, porque los que nos afectamos no vamos a la Policía a perder nuestro tiempo con querellas que no investigan o que tratan de desanimar con actitudes para que uno desista. Hay un problema real, que en un momento dado puede terminar en tragedia si no se ataja a tiempo y que mientras tanto, empobrece los recursos de la ciudad y los privados.

La solución inmediata está en que el alcalde, que se supone ser el principal motor generador de actividad en el pueblo, reúna a los distintos sectores del casco  para elaborar un plan en conjunto que enfrente este asunto. La falta de recursos municipales es solo un aspecto, hay otras medidas que atendiendo a la raíz del problema, pueden reducir la incidencia.

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