Jueces Injustos

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

THOMAS JIMMY ROSARIO MARTINEZ SONREIDOEste año, más que ninguno otro, ha puesto de relieve la vulnerabilidad emocional y mental de los magistrados en Puerto Rico. Esto ocurre en las dos jurisdicciones y hasta en los jueces que no pertenecen a la rama judicial, como los árbitros o jueces de pelea de gallos o del hipódromo.

Quizás algunas personas no recuerden pero ha habido otros cases anteriores como el de la Jueza Maria luisa Ramos que fue destituida cuando juramentó ilegalmente peticiones de endoso para inscribir el Partido Acción Cristiana y el caso de un juez acosador sexual en la Corte Federal. La drogadicción, excesos sexuales, alcoholismo, corrupción económica y otros males que vienen acompañando a la naturaleza humana independientemente de lo que estudien y lo que sean, son pecados que  muchos de ellos también tienen.

Los jueces provienen de distintos ambientes y se convierten en jueces generalmente por algún talento que no siempre es el intelectual. Supone tener un temperamento judicial que si no se ha sido juez no se puede tener, porque eso se elabora a partir de una actitud noble u justa y en la práctica se ve mediante la adjudicación adecuada de controversias.

El factor político-partidista no se escapa a ningún juez en Puerto Rico. Aun los magistrados federales, son propulsados por grupos y sectores con poder que los favorecen. Se supone que cuando llegan al poder, ese vínculo se rompe, pero eso no es verdad, porque esa relación sigue produciendo beneficios -o perjuicios- a lo largo de toda la carrera profesional y aun después que se salga de ella.

La carrera judicial gloriosa dependerá de la buena fama y honradez pública del juez, pero no siempre el talento y el buen desempeño se premia, pues como desde el inicio hay unas fuerzas de poder influyentes a veces extrañas a la buenas costumbres, los tropiezos o los adelantos, siguen ese juego.

Ocupados en sus sillas, muchos jueces se quedan solos y atemorizados. Esa distancia social que tienen que observar para no contaminarse con actores, promoventes y la prueba de los casos les proporciona un cambio necesario en sus vidas. Cuando el juez, en un acto de prepotencia, traspasa esas fronteras, puede disfrutar desde un momento de placer hasta entrar en  un acto de corrupción. Vivir aislado no provoca ese salto peligroso, pero los hechos están ahí, en la historia de la judicatura, con jueces «vendidos».

Antes era una leyenda que la convicción del Juez Acevedo de Aguadilla probó ser una historia documentada con una sentencia judicial. Ese Juez perdió la libertad y un hermano que se suicidó recientemente. No valió de nada recibir unos sobornos y poner su casa bonita y espaciosa pues lo cambiaron de residencia y lo enviarán eventualmente fuera de Puerto Rico a residir los próximos diez años en el frío para que se congele lo que tenga de diablo. Cuando salga de la cárcel, si sale vivo y no le pasa como al Alcalde de Ponce que falleció en la cárcel federal donde hacía la limpieza de los pisos, no tendrá presente, ni futuro,

El otro juez que en estos días fue acusado, llevaba un patrón equivocado a pesar de que no sólo representaba a la justicia terrenal sino también la justicia divina como religioso. Tenía el cuadro completo para pasar como una persona confiable y no como un corrupto.

Los jueces no son dioses. Son seres humanos que tienen el trabajo de impartir justicia. Se enferman del cuerpo y de la mente. En esa complicada trama de decidir saben que como seres humanos que son, se pueden equivocar. La mente confundida puede llevar a querer controlar la situación, haciendo daño adicional para que los demás no lleguen al punto de la verdad. Otros, tal vez, como el Juez Ramírez Lluch, quien tenía una buena reputación, llegó al máximo de sus facultades para impartir justicia y optó por el suicidio como alternativa personal para terminar con algún problema.

El asesinato, que nuestra sociedad ha determinado reiteradamente que es un delito castigable por ley, no es una alternativa para nada. El suicidio, que es el asesinato a sí mismo, no es delito, porque la persona que lo comete no puede ser enjuiciada. Del punto de vista legal criminal, ahí termina todo. Pero la pérdida de seres humanos, aunque sean bandidos, nos deja a algunos con unas sensaciones también de confusión y a una sociedad a la que ese acto no le hace justicia. Como Jesucristo, todo se ha consumado, pero para los que no creemos en esa alternativa a la vida, seguimos creyendo en la compasión y las alternativas de vida.

Es más conveniente beber por copas pequeñas el agua del pozo de la sabiduría, que caer en el pozo y ahogarse en él.

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