Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Cuando apreciamos el valor de la vida, queremos perpetuar el proceso y es natural que comencemos desde el principio. Podemos dar loas a los procesos científicos que sustituyen algunos pasos naturales en nuestro deseo de procrear, pero no hay sustituto para lo que una madre hace durante nueve meses aproximadamente y el resto de la vida con el producto de su vientre.
Valorar la maternidad es celebrar al recipiente que es la madre. Pero su función rebasa el tiempo de gestación, ya que mantiene generalmente un vínculo de protección por su hijo.
¿Porqué ocurre eso? Hay desde luego, factores sicológicos, espirituales, químicos y biológicas y culturales. En Grecia y Roma se honraba a la madre de los dioses, al igual que el catolicismo venera la madre de Jesús. En Inglaterra hubo un día de las madres en el Siglo XVII, pero ninguno es oficial de ningún estado hasta que el Presidente Woodrow Wilson declaró el segundo de mayo como Día de las Madres.
No sabemos cuándo se comenzó a celebrar en Puerto Rico, pero la tradición es tan importante que es uno de los días en que la mayor parte de los comercios no pueden abrir ni dar servicio a sus clientes, por causa de la Ley de Cierre.
Mis recuerdos más lejanos de esta celebración en Vega Baja se remontan a finales de la década de 1950. Cuando éramos niños, residíamos en la Calle José Julián Acosta. detrás de lo que ha sido la Fotografía Rosario. Allí un sábado en la noche mi padre «secuestró» a su trío de hijos y nos dió cinco dólares a cada uno para que le compráramos regalos a nuestra madre. Para entonces, no había centros comerciales y la vida económica dentro del pueblo era sumamente activa.
Nos llevó a la «Farmacia de Don Toño», en el edificio de La Guardesa entre la Calle Betances y la Muñoz Rivera. No recuerdo el nombre comercial del local ni nunca la vi anunciada, pero todo el pueblo apreciaba a ese viejito bajito, calvo, gordito y soltero que luego honraron dándole su nombre completo de José Antonio Pérez Melón al Centro de Envejecientes de Algarrobo. Don Toño era una persona generosa que todos dábamos por farmacéutico, que no lo era, por lo mucho que sabía de esa ciencia y por los años que estaba trabajando en ese tipo de negocio.
(En esta foto estoy en su barriga)
Allí le compré un juego de seis vasos de cristal que venía con un soporte de metal por $3.50 y con el resto del dinero adquirí unos jabones Maja. No recuerdo lo que Flor y Jossie escogieron, pero igualmente se añadieron otros regalos para mi madre Yuya. «Yuya» proviene de Obdulia, segundo nombre que heredó de una abuela.
Otro recuerdo de mi niñez respecto al Día de las Madres fue un espectáculo que produjo mi padre en el Teatro América. En estos días nuevas imágenes de aquel domingo de varias décadas atrás han regresado a mi mente con el fallecimiento de Raymond Hernández, uno de los integrantes del Trío Los Radiantes que por muchos años mantuvo su actividad en nuestra ciudad. Allí se dieron regalos y música a los asistentes, en una sala llena de madres con sus hijos.
Recuerdo también que en algún momento de nuestra historia la Juez Maria Luisa Ramos también hizo actividades públicas para madres pobres. El Gobierno Municipal, en varias instancias, lo ha hecho ya una tradición.
Ser mujer es un privilegio y ser madre es una bendición. Ellas han modificado la historia desde el primer parto. Han prodigado amor y protección a todos nosotros y nos han enseñado la virtud más grande después del amor, que es la lealtad.
Está más que justificado que celebremos este día tan especial.
