Frankenstein boricua

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

THOMAS JIMMY ROSARIO MARTINEZ SONREIDOFrankenstein, una novela de Mary Shelley, fue escrita a principios del Siglo XIX en una competencia entre amigos para producir un escrito de terror. En realidad, el producto es romántico, pues trata de la misma naturaleza de un ser creado por Dios tratando de jugar a ser precisamente Dios, brindando vida a materia muerta.

En síntesis, el Dr. Víctor Frankenstein, mediante  experimentos científicos, trata de darle vida a una criatura que fue creada mediante partes de distintos cuerpos. El producto es horrible. Sólo la ceguera de un ser humano pudo ver belleza en la criatura.

El proyecto del impuesto de consumo y servicios es un Frankenstein boricua. Después del parto original del proyecto de más de mil quinientas páginas de una jerga confusa y técnica ha sufrido incluso una mutación que pone a la Biblia como un cuento con esa nueva novela. Insisten en ponerle páginas adicionales con parchos para complacer a los legisladores estatales y a figuras ajenas a la vida pública y aparentar ser eclécticos y razonables.

Mientras en La Fortaleza hay un primer ejecutivo enajenado con una obsesión incomprensible que no es de amor ni de odio, los legisladores tratan de caminar en puntillas para que el tsunami no les moje el talón cuando por todos lados se anuncia una ola arropante.

La solución propuesta es más grande que el problema. Pero en Vega Baja, mutis. Parecemos mudos ante nuestros compueblanos, como si no pensáramos o no tuviéramos opinión. Curioso y extraño, porque eso no solamente afecta a algunos populares, sino a todos los populares y personas de todos los partidos y aun sin partidos.

Hay la oportunidad de expresión mediante las figuras políticas más grandes, que son el alcalde y la Legislatura Municipal sólo para que se sepa el sentir de los vegabajeños. Hay que evitar que elementos extraños y oportunistas secuestren la oportunidad de decirle basta a esa patraña complicada. No se ha hecho por falta de diligencia porque hay dos proyectos de resolución de las minorías, que la tienen en el camino del zafacón o de la esperanza de que el tiempo los torne académicos, o sea, inservibles, si se llega a aprobar antes la legislación estatal propuesta.

Ahora es que se necesita una voz uniforme, de nuestros representantes locales que llamen la atención a los que confundidos, tratan de ganar pescados en el río revuelto. Despues del momentum, será  fácil acomodar posiciones y explicar conductas de indiferencia o de atención displicente.

Hace falta que al igual que los alcaldes valientes del Partido Popular, el nuestro, que es muy responsable, aclare si quiere que los vegabajeños paguen los platos rotos de los gobiernos anteriores y que nos lleven a un sistema económico mortal para la economía futura.

También la Legislatura Municipal local tiene que tomar una posición urgente, que clarifique si están del lado de los vegabajeños o si por sumisión, creen el cuento de sus correligionarios de la Capital y del Capitolio. Esto es más importante que todo lo que han tenido que resolver desde 2013 y mucho más que lo que harán hasta el fin del cuatrenio, pues esto lo afecta todo.

El proyecto de la reforma contributiva es un Frankenstein boricua. Solo un ciego puede encontrar su belleza interna.

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