Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Ayer en la mañana mi padre me preguntó si yo hacía todo el periódico, incluyendo los artículos más largos que publicamos. Yo creía que el sabía la dinámica en la que hemos sido socios desde hace nueve años, pero me equivoqué. Igual expresión tengo constantemente de mi amigo y Director Asociado, Robert Rivera sobre el Diario y la Escuela de la Historia Vegabajeña.
Me he dado cuenta de que a pesar de ser hablador, he sido parco en mis explicaciones aun con las personas que más merecen mi atención. Y creo, que de hacer algo constantemente complicándolo más cada día, uno pasa a ser un extraño.
Me veo precisado a exteriorizar este asunto íntimo, porque la explicación no es tan personal.
El Diario Vegabajeño nació en mayo de 2006. Un deseo obsesivo de mi padre por hacer un periódico para concluir su otra carrera de periodista y escritor. Continuar la que yo había dejado rezagada por razones de salud, nuestro amor por los vegabajeños y Vega Baja fueron nuestras motivaciones principales.
En el camino de la conversión al Diario Vegabajeño de Puerto Rico y muchas otras publicaciones que hemos creado o ayudado a crear en este período de tiempo han sido muchos los colaboradores que hemos tenido, incluyendo a algunos que nos han adelantado en su salto a la eternidad,
El Diario se hacía por Internet e impreso. Pero los costos de impresión escrita hicieron imposible costearlos trescientos seseta y cinco días al año. Durante todo este proceso las redes sociales fueron creciendo y nutriendo informaciones. Muchos talentosos jóvenes y olvidados viejos han pasado como escritores, sujetos y objeto de las noticias e informaciones que hemos publicado. En momentos de crisis, hemos ofrecido el pensamiento vegabajeño solucionador y hemos sido defensores de una república existente imaginaria que se llama Vega Baja donde viven unos ciudadanos puertorriqueños únicos con el gentilicio de vegabajeños.
La pregunta de cómo lo hacemos tiene una contestación simple. La hacen los vegabajeños. Los que antes estuvieron y dejaron la experiencia de su historia personal, los que durante la vida del Diario nos han acompañado y los que en el futuro tomen el legado de una insistente afirmación de unos valores que hace unos años le pusimos el nombre de vegabajeñismo.
Yo solo sigo dirigiendo el tráfico en esta carretera de la búsqueda de la verdad. De vez en cuando reflexiono pero no para mi, sino para todos. Escribo unas cuartillas para compartirlo con los que hacen el favor de leerme.
Gracias a mi padre y personas como Roberto, que dan viento a mis alas para que pueda volar. Pero en realidad no hago nada extraordinario que no podría hacer si no tuviera ayuda de todos.