El placer de los miércoles en la noche

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

THOMAS JIMMY ROSARIO MARTINEZ SONREIDOHablar de historia vegabajeña es mi pasión. Pero conocer la historia es más placentero, pues me da la sensación de que mi alma se nutre.

Uno desarrolla el vegabajeñismo por las relaciones con los demás vegabajeños y por el ambiente en derredor. El vegabajeñismo es una cultura aprendida, como son las religiones, la política, el deporte y las profesiones. Uno siente ser vegabajeño y luego uno quiere seguir siéndolo más que el día anterior porque es adictivo por placentero.

Ser vegabajeño es importante para los que estamos residiendo en esta parte de Puerto Rico. La residencia no da automáticamente el sentimiento, sólo se adquiere con la interacción con vecinos vegabajeños que quieren que su lugar de partida y regreso sea seguro, placentero y conveniente, Esa unión de voluntades es lo que produce la necesidad de agruparse para un fin común. Entonces se buscan los colmados, supermercados, iglesias, agrupaciones sociales y políticas para vivir la vida. Cada grupo se identificará de una u otra manera, pero siempre tendrán un apellido no escrito que es Vega Baja.

Cuando uno sale del pueblo en que reside y se reúne para competencias, recreación o participación en eventos fuera del municipio, la pregunta de que de dónde uno viene es usual. A la gente se le identifica por su origen territorial primero que su descendencia familiar. Pero aun cuando se pregunte el apellido, si son apellidos no usualmente llevados como Rodríguez o Hernández, se les ubica inmediatamente en donde se asentó la familia.

Los Eguía, Sobrino, Portela, Sierra, Cano y Arraiza, entre otros, son algunos de esos apellidos que uno puede inmediatamente asociarlos con nuestra ciudad, pero hay más que la historia señala con una descendencia prolija y tradicional como los Náter, Negrón, Bracero, González, Landrón, Rosario, Pérez, Rodríguez, Hernández, Valle, Bagú, Dávila, Casanova, Meléndez, Martínez, Sandín, Molina, Armáiz , por decir algunos. Aunque la nueva historia después del Centro de la Realidad Puertorriqueña (C.E.R.E.P.) quiso estudiar los menos afortunados, es menester no ser exclusivo sino inclusivo en el estudio de nuestra historia vegabajeña y darle justa prominencia a los acaudalados que a los pobres y menesterosos.

En la Escuela de la Historia Vegabajeña ofrecemos un recorrido distinto por el casco del pueblo cada miércoles en la noche. Trazamos una ruta previa y cada cual viene con sus anécdotas y conocimiento de la historia. Yo, que dirijo la ruta e introduzco los lugares y la historia que sé de cada lugar, soy el primer estudiante que escucho los que mis compañeros tienen que aportar.

Pero nunca en mi vida había estado en un tour de tanta gente con conocimiento e interés por nuestra historia local y que hicieran aportaciones tan importantes sobre el uso de los edificios, sus habitantes, eventos relacionados o quienes los frecuentaban. Es en realidad una experiencia simbiótica que a veces se extiende más de lo programado por las intervenciones inesperadas y la preguntas sobre dudas que se presentan.

Luego pasamos a la Fotografía Rosario por donde alrededor de una hora, estudiamos un período de tiempo o un tema de nuestra ciudad. El ambiente alrededor en sí  no es muy cómodo pero está lleno de historia, con fotos tomados por mi padre en sus setenta y dos años retratando la gente, sucesos y lugares vegabajeños, fotos de  otros fotógrafos y objetos históricos que presentamos de vez en cuando.

El tiempo no nos da. Cuando se acaba la clase seguimos tertuliando entre nosotros contando anécdotas y las historias de la historia tomando refrescos y comiendo platanutes, papitas y algunas exquisiteces que traen los estudiantes.

Algunos de ellos son también profesores o investigadores que están produciendo trabajos a la par que se nutren con el conocimiento compartido de la historia vegabajeña. Es un grupo de una energía increíble que nos produce una satisfacción una noche que dura toda la semana.

Para mi es un placer inmenso tener a Doña Aura Martínez, quien no parece una octogenaria caminando con nosotros junto a su hija Dulce, que honra su nombre tanto que hasta una noche trajo besitos de coco para todo el mundo;  a Rolando Rivera Garratón y su esposa Lizzie Rolón, quienes en su retiro se han dedicado a trabajar por su pueblo intensamente; Arturo Náter, quien es una enciclopedia no escrita de datos y anécdotas sobre toda la vida vegabajeña desde la década de 1950; a Diosdado Cano, que nos lleva y nos trae desde Grecia y Roma hasta nuestra realidad actual;  Edgar Pabón, con una tradición familiar de Vega Baja tan vasta que nos hace mirar la aportación de los que conoce en cada periodo de nuestro pasado; a los investigadores, fotógrafos y camarógrafos Edgar Freytes y el gran Luigi, cuya obra recopilando información gráfica del Vega Baja histórico y actual es muy importante para la Escuela y para nuestra ciudad; los profesores Luis Mejías Astol y Juan Carlos Rosario, cuyo conocimiento de décadas de investigación histórica de Vega Baja dan una perspectiva más amplia y muchos otros más, pasivos y activos que nos acompañan en esa experiencia semanal.

El viaje que estamos dando por la historia de Vega Baja tiene un nombre. Se llama Curso Básico de la Historia Vegabajeña. En él conocemos la aportación de Dios y del ser humano al crear el producto que conocemos como Vega Baja. Vamos a los orígenes de todo para llegar a la esencia de nuestro gentilicio y su transformación en un movimiento social existente llamado vegabajeñismo.

Hay muchas personas como nosotros en distintos lugares de actividad social haciendo por nuestra ciudad labor similar, cada cual en su especialidad como lo es la política, administración, legislación, deportes, cultura, espiritualidad y educación. Nuestra misión voluntaria es esencialmente educativa.

El todo es Vega Baja. Somos parte de Puerto Rico, del mundo y del universo, pero indudablemente somos distintos. Esas diferencias son las que conocemos,  compartimos y disfrtamos los miércoles en la noche.

Deja un comentario