
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez, Investigadores de la Escuela de la Historia Vegabajeña
Un grupo de vegabajeños estamos trabajando desde hace un año en un proyecto colectivo para contar la historia vegabajeña. Tradicionalmente, los llamados historiadores, incluyéndome, hemos trabajado independientemente en temas particulares de nuestro interés. Algunos hemos sido educados en la historia formalmente, otros se dedican a ello, pero la mayor parte lo hace por curiosidad y liberalidad personal.
Nuestros primeros historiadores fueron tal vez los aborígenes. Disfrutamos su obra, desperdigada en distintos sitios menos a la vista de los vegabajeños. Pero en cualquier caso, la información y los objetos recolectados no nos dicen más de lo que los españoles nos dijeron cuando llegaron y los encontraron en nuestra tierra. Nombres como Sabana y Cibuco, que heredamos de su lenguaje, los usamos frecuentemente en nuestro idioma para referirnos a lugares de Vega Baja así como palabras de nuestro diario vivir, de nuestra cocina, música, artesanía y cultura en general.
Los españoles, franceses, ingleses, americanos que escribieron sobre Puerto Rico también mencionaron algún lugar de Vega Baja. También los documentos que se generaron en nuestra área y sobre nuestra área, son la fuente de información antes, durante y después de la formación de nuestro pueblo.
Ya desde principios del Siglo XIX hay muchos documentos y descripciones de nuestro pueblo. Los que hacen las crónicas son funcionarios públicos y personas particulares. Pero no es hasta el siglo XX es que comienzan a escribirse las historias de nuestro pueblo por historiadores.
Un historiador, por definición, no tiene que ser un erudito, pero tiene que conocer la información para que su trabajo sea creíble. Un cronista perpetúa la historia que presencia o que le cuentan, mientras que el historiador lee la historia de los cronistas y llega a sus conclusiones aleccionadoras. Pero entre ellos e incluyéndolos a ellos, hay una más importante. Se trata del investigador.
Un investigador de la historia, con letra minúscula, trata dentro de los niveles de la más alta competencia, de encontrar las versiones de la historia para crear un cuadro lo más cercano a la realidad del momento. El poeta glorifica, enaltece o habla
con pesimismo de la información. El ensayista busca los ejemplos para justificar sus teorías y el novelista usa la historia para adicionarle elementos de su imaginación. Pero sin investigaciones, no se puede jamás llegar a la certeza del historiador. Por eso, el investigador es esencial para aprender el pasado de un pueblo como el nuestro.
En la década del 1970, cuando celebramos el bicentenario de Vega Baja, integramos un grupo de
escritores, de distinto origen académico, filosófico y de estilos para producir el libro Vega Baja, su historia y su cultura. Anterior a esa obra, la historia de Vega Baja se encontraba en pocos libros, folletos, revistas y periódicos. Después de publicarse el mismo, en 1987, muchos vegabajeños han escrito sus memorias, estudios universitarios para grados académicos y se ha dado mucha importancia al desarrollo cultural individual y colectivo. No hay duda que el poder de agrupar ciudadanos con intereses en común, produce resultados. Hoy día los costos prohibitivos de publicar en papel, hacen que se utilice el Internet como medio principal de divulgación.

Por muchos años se han creado instituciones culturales que luego de cumplir exitosamente sus funciones, han desaparecido. Pensando en el mañana, un grupo de amigos creamos, con letra mayúscula, Investigadores de la Historia Vegabajeña. De ahí surgió crear la Escuela de la Historia Vegabajeña, que ha estado funcionando desde abril del pasado año. Investigadores de la escuela de la Historia Vegabajeña es el nuevo nombre completo de esta aventura.
El resultado prolijo que tuvimos en el 2014 agrupando muchas personas interesadas en conocer, crear, participar, educar y ser educados es evidente. Hay material publicado de viejos y nuevos autores, de temas usuales e insospechados. El grupo de Investigadores ha documentado la actividad del pasado año como nunca antes se había hecho en nuestra historia local y se están produciendo independientemente más fuentes de información en los medios, escuelas y lugares públicos y privados. La participación de tantas personas en tantos niveles distintos nos ha estimulado a entregar el Diario Vegabajeño de Puerto Rico a la Escuela de la Historia Vegabajeña, porque creemos en el periodismo investigativo, los fotohistoriadores, opinantes y las personas que nos han apoyado en todos los proyectos de periodismo e historia que hemos compartido.
Desde luego, no nos sentimos satisfechos. Hay que pasar al próximo nivel que es lograr que los estudiantes de la Escuela logren la Certificación en Historia Vegabajeña. Contrario a las instituciones educativas existentes que ponen condiciones sobre el pasado de la persona como sus estudios, promedio, conducta social y hasta impone cuotas de matrícula, el único requisito es el interés. Se puede comenzar a estudiar la historia vegabajeña en cualquier momento. Les aseguro que es una experiencia entretenida y educativa que nos ayuda a crecer individualmente y de forma colectiva.
Todo vegabajeño puede ser Investigador de la Escuela de la Historia Vegabajeña. Mejor aún, todo vegabajeño que ame a su familia y a sus amigos debe investigar el origen de los lazos que le unen. El sentido de pertenencia y el orgullo por lo que uno es y tiene, como un efecto psicológico, ayuda a cimentar la confianza individual.