Detrás del Olivo Azucarado (19)

THOMAS JIMMY ROSARIO MARTINEZ SEMBLANZA DE JULIO REYESSemblanza de Julio Reyes

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Vocal, Directiva Salón de la Fama
del Deporte Vegabajeño Melao Melao, Inc.

(La Novera Exaltación del Salón de la Fama del Deporte de Vega Baja Melao Melao se le dedicó a Julio Reyes, recientemente fallecido, miembro de la Directiva y un destacado atleta vegabajeño)

Nuestra tarea como miembros de la Directiva del Salón de la Fama del Deporte de Vega Baja es buscar y encontrar la historia de los deportistas de Vega Baja para reconocerlos y celebrarlos. Entre nuestros compañeros hay personas que tienen una trayectoria de muchos años en el deporte, lo que a los que no hemos estado viculados, facilita tener una visión más amplia.

Conocí a Julio Reyes hace cuarenta y tres años, mientras escribíamos ambos en el semanario Taíno. El trabajaba en el Gobierno Municipal y yo era estudiante de historia. Desde aquella ocasión vi a ese hombre evolucionar en su vida. De líder recreativo, a corredor, organizador de eventos, masajista, hasta su última tarea voluntaria que fue su conversión al islamismo.

Julio no nació en Vega Baja y estuvo en un hogar para huérfanos. Me dijo que su padrastro trabajó en la Central San Vicente y que vino temprano en su vida a esta ciudad que él consideraba la suya porque ser vegabajeño es un sentimiento y él se sentía vegabajeño. De su relación con su esposa, nació Cynthia.

Julio fue un servidor toda su vida. Hacía cualquier tarea, pero no la hacía automáticamente. Todo lo razonaba. Por sus continuas reflexiones, se le llamó “El Filósofo”. Creía en el arte y la creatividad. Participó, pues, como actor, como me decía él, “aunque fuera de relleno”, en varias películas.

En 1979 realizamos el Maratón Tres Pueblos, que ganó el corredor Peco González y donde repartimos cerca de cien trofeos. Debe haber hecho récord ese invento de Julio donde todos los corredores recibieron un trofeo. Hasta el mismo Julio que terminó la ruta y los que recojimos en el camino porque se les agotó la energía, recibieron uno.

En un momento de su vida se vió amenazado con quedarse sin trabajo por razones políticas. Fue retirado de una posición cerca de la comodidad de su hogar y expuesto al peligro en horas de la noche, con mucha responsabilidad, en la soledad y oscuridad del Parque Carlos Román Brull. Denunciamos la afrenta en El Diario Vegabajeño y preparamos una carta denunciando la situación al Director del Departamento Municipal de Recreación y Deportes. A pesar de todo eso, Julio cumplió con realizar su trabajo hasta que se percataron de que estaba siendo discriminado.

Y es que Julio, como Nicolás Péez Urbistondo, Tilín, han sido trabajadores hasta sus años más avanzados. Julio ya era octogenario al momento de su fallecimiento, aunque por su carácter demostraba menos años. Tenía un carácter jovial y hasta jocoso, de hecho, aun en sus momentos de mayor preocupación, nunca le vi frunciendo el seño. Era un positivista.

Cuando abrazó la religión del Islam, me explicó en detalle la teoría religiosa y teológica detrás de su nuevo pensar espiritual. El estaba convencido que no habría conflicto con nadie porque el amor era la base de esta creencia. Tan es así, que dispuso que fuera sepultado bajo sus ritos.

Julio Reyes fue un apasionado del deporte, no tenemos duda, porque ese fue el tema central de todas sus conversaciones en cuatro décadas en que le conocí. Pero no era el deporte como pasatiempo, ni de competir, sino como una manera de seguir creciendo en su propia vida. De compartir y sobre todo, hacer bien. Era más que un competidor, un motivador o un trabajador social del deporte.

Me fue a buscar para que aceptara unirme a la Directiva del Salón de la Fama del Deporte de Vega Baja. Teniéndole a él como modelo, con la intensidad conque vivía y disfrutaba el deporte, le dije que yo no era deportista. Me replicó diciendo que me preparara que me iba a entrenar para correr porque el no creía que los deportistas nacen, sino que se hacen.

Ese ánimo inagotable y contagioso y sus entradas en mi espacio de trabajo con sonrisas permanentes y su hablar medio acubanado, lo extraño. Muchas veces con sus fuertes manos quitó el dolor de mi espalda y articulaciones y a otras personas de mi familia. El día de su entierro, sus hermanos de ma mezquita dijeron lo mismo de él, porque Julio era uno solo. Era el mismo de antes y el de entoces, con unas personas y con otras, El hombre noble, servicial y reflexivo.

Agradezco la oportunidad que me han dado de honrar la memoria de mi compañero y amigo Julio Reyes. El merece que perpetuemos lo que lo definió en vida, para que tenga significado después de su transición.

Muchas Gracias.

 ROBERT RIVERA REPRO DE JULIO REYES

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