
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
La participación de Lydia Quintero, conocida por Lydia Castro, en la actividad de los Cuarenta días de Ayuno y Oración ayer sábado, ha sido de las noticias más comentadas en la redes sociales.
Nuestro colaborador fotoperiodista Robert Rivera, bajó unas fotos y vídeos y escribió sobre la calidad de la voz, la excelencia de su presentación y la tremenda sorpresa que nos dió a todos cuando vimos aquel frágil cuerpo de una anciana de 82 años, que necesitó la ayuda del Reverendo Millito Licier para llegar al micrófono, darnos una lección de afinación, modulación y perfección en el arte de cantar.
Lydia Quintero fue condicípula de mi madre Yuya en la escuela y su amiga. Mi padre le hizo fotos para sus primeras grabaciones de 15 discos y cientos de canciones grabadas desde hace muchas décadas. Hace unos días tuve el placer de entrevistarla con la promesa de que tenemos que perpetuar esa vida para la posteridad.
La historia vegabajeña la reconoce como «La Niña de Vega Baja» cuando era famosa en nuestra ciudad y en todo Puerto Rico a la tierna edad de 14 años. Como escribió Robert, fue a participar y ganar en el programa Tribuna del Arte de Rafael Quiñones Vidal. Fue recibida como una heroína en Vega Baja cuando ganó el Gran Premio de la Noche.
De su matrimonio con Abraham Castro, comerciante y dueño de la Imprenta Lirio en los setenta, tuvo un hijo, hoy sesentón, al que todos le llamamos Paíto.
Lydia es nuestra y vive entre nosotros. Su voz jóven trasciende su edad. Su memoria, dicción y buen carácter son una joya espiritual que Dios nos ha regalado en esta opotunidad de compartir estos Cuarenta Días de Ayuno y Oración en la primer hora útil de la mañana. Todos los días, a las seis de la mañana hay una distinta manera de conocer el mundo espiritual. Siempre hay alguna que otra sorpresa, como la participación de esta hermosa dama que nuestra ciudad ha redescubierto y que nos permite desempolvar momentos gloriosos de los vegabajeños.
María Torres Rivera expresó lo siguiente: Oramos por aquellas personas que son necesarias para el funcionamiento de nuestro pueblo y para todos los que día a día nos movemos. Tuvimos un gran refrigerio de parte de nuestra hermana Lydia con su voz angelical. Eso lo hizo nuestro Dios repartiendo dones.Quiero exaltar a un gran se humano que hace unos meses estuvo recluidos en Manati y que para el mundo puede tener sus limitaciones, pero está en primera fila alabando a Nuestro Dios. Joe, te bendigo y si él recibió un milagro de vida, provoca el tuyo.
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