Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Ayer hubo actos de violencia entre ciudadanos. Ambos reclamaban distintos derechos. Por una parte, trabajadores defendían su derecho a protestar contra su patrono gubernamental por la intención de éste de trastocar lo acordado en convenios colectivos. Otros pedían su derecho de pasar por las áreas públicas para llegar a su destino.
Se culpa al gobierno de ser la causa de este mal acontecido. Provoca la situación y luego no da la protección al que sufre las consecuencias, al obrero que le provoca la incertidumbre y al ciudadano que necesita el espacio libre para realizar sus obligaciones y cumplir con sus necesidades de discurrir libremente.
Lo que llamamos gobierno es el conjunto de unas instituciones, invisibles y prácticamente virtuales, que no piensan ni actúan. Si alguna responsabilidad hay que adjudicar no es a las ramas legislativa, ejecutiva y judicial. Es a los seres humanos que las representan.
Hoy día se reparte la culpa a todos los gobiernos pasados como para minimizar el impacto al gobernador presente, Alejandro García Padilla. Pero es el gobernador presente al que hay que acudir para que las cosas buenas pasen y las cosas malas no pasen. Es a los jueces de la judicatura que hay que requerirles que a pesar del simbolismo de la dama ciega de la justicia, no traten de favorecer a unos sobre otros para provocar injusticias. Es a los legisladores, esos seres a veces hasta salidos de una tirilla cómica que el título de honorabilidad los hace creer seres superiores y dueños del conocimiento, que hay que pedirles que justifiquen el contrato de cuatro años que le hemos dado, con legislación estudiada y responsable.
La violencia sustituye la razón. Obviamente, la provocación viene de los gobernantes quienes también ven una forma distinta y actúan para su propio provecho y fama, violando su promesa de defender las leyes y la constitución contra cualquier ataque del enemigo.
Los gobernantes, como consecuencia de sus actos, a veces son los enemigos, Provocar o permitir la violencia es hacer política pública con los violentos y es complicidad intelectual de los delitos y de la violación de derechos ciudadanos que esa violencia genera.
Hace falta más que un mensajillo vespertino de parte del gobernador. La debilidad que demuestra en su comunicación al pueblo es una parte fundamental del problema, Yo no justifico la violencia, venga de donde venga, pero como todo ciudadano con derechos, estoy presto a repelerla siempre, para hacer valer los derechos frente al enemigo de la injusticia. Otros harán lo mismo, pero más serán las víctimas de los actos en que la violencia sustituye a la razón.
No sé si estamos en el borde del precipicio social. Ya tenemos bastante con los que nos roban en nuestras calles y nuestros hogares y que hasta matan por un botín incierto o insignificante, con los efectos de la droga en nuestra juventud y con el reciclaje escalonado ilegal que nos está devorando edificios hasta recién hechos.
La anarquía y el abuso parece que sustituye las constituciones de Estados Unidos y Puerto Rico. Tendremos individualmente que encerrarnos en nuestro castillo como en la Edad Media a esperar el próximo ataque del enemigo y defendernos por nuestra cuenta, porque ya nadie podrá ayudarnos.