El Archivo Municipal de Vega Baja en 1973
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR

Hace cuarentiún años Luis Meléndez Cano me contestó una carta previa que yo le había enviado.
Desde hacía par de años, yo ayudaba a Luis de la Rosa y a Genarín Otero a organizar, catalogar y estudiar el Archivo Municipal de Vega Baja. Para entonces no había Administrador de

Documentos y solamente el Archivo General de Puerto Rico hacía el recogido de documentos municipales para archivarlos confiorme unos criterios de antiguedad y los depositaba, primero, en un edificio en el casco del Viejo San Juan y después en la localización que está actualmente en Puerta de Tierra,
Gracias a Luis, que trabajaba como Archivero en esa dependencia del Instituto de Cultura, los documentos originales se quedaron en Vega Baja hasta que hace unos años se los llevaron, por descuido del Gobierno Municipal y mala disposición de los mismos. En el proceso, miles de documentos se desaparecieron.
Cuando Luisito ganó la alcaldía, lo visité una mañana en una oficina que tenía tras la Farmacia Meléndez, de su propiedad. Le pedí que nos permitiera seguir manteniendo el archivo local de documentos y posteriormente, le envié una carta donde le explicaba en detalles nuestras pretensiones. Luis fue muy atento y paciente a pesar de mis imprudencias de adolescente, pero guardo siempre muy buenos recuerdos de sus respuestas siempre a las ideas que le sugería. Así pasó también con el escudo, la bandera, el libro y muchos otros asuntos que tratamos en sus treinta y dos años de incumbencia.
En el momento que ocurrió la transición tuvimos una buena comunicación por la cosecha mutua de relaciones por tres décadas. Las preocupaciones por mi ciudad y mi gente coincidieron con las de él y fuera de partidismo político pudimos ser socios en muchos proyectos culturales e históricos.
Esta carta quiero perpetuarla al publicarla porque representa un gran momento para la historia de Vega Baja. Las fuentes históricas, que son los documentos, tuvieron un principio en su agrupación para ponerlos luego al servicio de muchos historiadores y lograr hacer tesis universitarias y escritos que se convirtieron en artículos de revistas profesionales de historia, revistas y libros.
La memoria no puede olvidar a Luis Meléndez Cano, a Luis de la Rosa Martínez y a Genaro Otero Campos. En ese escenario de la vida hubo una gran aportación que hoy nos permite contar esa historia y muchas más.

