Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
La primer frase que aprendí sobre música y que recuerdo fue «La música es el alma de los pueblos». La escuché en Radio Atenas de Manatí, en los comienzos de la estación. Obviamente, tenían una programación fundamentalmente musical y esa era parte de la propaganda para atraer escuchas. Eso ocurrió a finales de la década de 1950. A esa frase se le añade «un pueblo sin música es un pueblo sin alma».
En nuestro pueblo, existe la música desde muchos años atrás y por varias vertientes. En el Siglo XIX había maestros de música contratados por

personas privadas y hasta una banda municipal. Aunque no hay estudios históricos profundos, la que escribió Julio Meléndez en el libro Vega Baja, Su historia y su cultura, nos puede servir de base para una investigación más formal.
La música debe haber llegado por primera vez con el instrumento humano de la las cuerdas vocales. Casi todas las personas que conozco y que he conocido cantan poco o mucho o bueno o malo, pero todos sentimos la tentación de abrir nuestra vocesita o nuestra voz aunque sea mientras nos bañamos. Por eso creo que primero llegaron los cantantes a nuestra ciudad, inclusive antes que los instrumentos musicales.
Me dicen que Fernandito Alvarez aprendió a tocar guitarra después de cantar. De hecho, el farmacéutico Jaime Rodríguez Pérez me informó hace algún tiempo, que el creador del Trío Vegabajeño cantaba tangos con David Rodríguez, su hermano, quien tocaba piano en los tiempos del cine mudo del Teatro Fénix, como parte del programa. Pero antes de Fernandito, estaba su padre, Agustín, que en sus escritos cuenta de músicos y música del pasado.

Todos sabemos que parte de nuestra herencia es negra. De ahí nuestros antepasados nos legaron instrumentos y canciones. Asimismo, de la España peninsular la herencia africana por medio de los moros es una influencia adicional de nuestra música. España, Africa y sus modalidades caribeñas y antillanas nos han dado elementos con los que contamos para hacerla. Basta hacerse socio del compueblano Sammy Mulato Rivera en Facebook para aprender mucho de esto que les digo.
La música nos gusta por su diversidad. Los reguetoneros vegabajeños generalmente son jóvenes que tienen un mensaje en cada pieza musical más alla del ritmo repetitivo de su fondo. Hay que escucharlos como a nosotros nos gusta que nos escuchen los boleros, la salsa, el merengue y la música típica.
En quinto grado aprendí, con Mrs. Sánchez, la madre del abogado Miguel Alverio, las primeras canciones completas: Preciosa, Cielito Lindo, La Paloma y otras. Le educación pública me dió las bases para saber que además de oír, había que leer para memorizar y poder cantar las canciones completas e improvisar cuando no hubiere donde leer.
En sexto grado vino el show. Traté de cantar Tonight en español, versión de Libertad Lamarque, pero mi voz muy chillona en los altos y la falta de control de aire en mis pulmones me alejó de volverlo a intentar.
Mi hogar paterno siempre fue musical. En la Fotografía Rosario nos visitaban músicos para retratarse para carteles y carátulas de discos o sencillamente, para cumplir con fotos para alguna licencia, permiso, estudios o trabajo. También mi padre, como dueño de la Publicidad Rosario, presentó varios artistas en el Teatro América. En una ocasión llegó a anunciar a Enrique Guzman, el padre de Alexandra, quien en sus momentos era muy famoso en México y toda hispanoamérica.
La Fotografía Rosario también se llamaba La Casa de los Discos y las Postales. El negocio de discos comenzó con un remanente de un negocio que fracasó de otra persona y la promoción que hicieron los esposos Muñiz-Sotomayor en la Mueblería El Encanto, que en aquel momento estaba en el primer piso de lo que conocemos hoy día como Museo Casa Alonso. Ellos regalaban un disco por cada tocadiscos que sus clientes compraran.
Mi padre fue un promotor de música. Llegó a tener un estudio de grabaciones. Un cantante de nuestra ciudad, Dolores Santana Díaz, conocido por «Lole», trabajaba con mi padre en la Fotografía. Lo recuerdo secando los retratos y cantando. Tenía una buena voz, a mi juicio, de tenor. Mis padres fueron sus padrinos de bodas y yo participé en su boda.
Mi madre Carmen y su hermana Julia hacen un dúo de voces hermoso. Ayer las escuché de nuevo pues aunque tía Julia vive en Florida, viene de vez en cuando a visitarnos. En cada canción hay mil historias que a veces alguna de ellas no recuerda pero la otra se la refresca.

Nunca las dejaron cantar en público, pero por todas partes de la familia han salido músicos y cantantes. La última generación la encabeza mi hijo menor, Thomas Jimmy Rosario González
, quien se está dedicando profesionalmente a la música desde que regresó del ejército en Washington DC, Virignia y en Puerto Rico. Fuera de Puerto Rico cantó en varias bandas internacionales y en Puerto Rico con Son del Melao, Salsa, Timba y Son y Son Rumbero.

El sonido de las ondas radiales permite escuchar y reconocer buenas voces y letras. Me dicen que de vez en cuando en Canciones Inolvidables Jose Manuel Rodríguez incluye una composición del vegabajeño Octavio «Colorao» González. En nuestra ciudad hay extraordinarios compositores, algunos de los cuales nunca se han reconocido. Rodolfo Barreras (Nava) se siente vegabajeño, Héctor Figueroa Casanova guardó muchas composiciones toda la vida, mi hijo las tomó y las llevó al arreglista Ginés y son dos de las canciones incluídas en el reciente disco de Salsa, Timba y Son. Edán Sevier Meléndez Pumarejo, el hijo de Don Julio Meléndez, también tiene una vena como compositor y además una trayectoria musical indiscutible.
Otra influencia para la música es la visual. Pepito Torres y su Orquesta Siboney nos hacía esperarlo todos los viernes en la noche para ver el Show Libby’s. Algunos querían ser como Pepito y tocar saxofón. La Banda Municipal de aquel tiempo tenía tres saxofones y no creo que fuera casualidad. También hemos visto a muchos de nuestros cantantes y músicos en televisión, o hasta en vídeos del pasado como Maggy, Fernandito Alvarez y el Trio Vegabajeño, Roberto Sierra, Jesús Emmanuel y otros.
Otros artistas han sido mi hija Jimarie, mis sobrinos Carlos Narváez, Carla y Carola, que mayormente han sido cantantes cristianos, aunque Carlitos y Jimarie han pertenecido a bandas.
La familia, como la educación y el ambiente son tres razones de porqué nos gusta la música. Anatómicamente respondemos a sonidos para nuestro placer o mal. La música de Mozart es recomendada para infantes y niños, la clásica es representativa de todas las emociones y las canciones infantiles permiten que nuestros niños aprendan en forma pausada e inteligente. Vega Baja es un racimo de frutos que se renueva constantemente. Tenemos que resaltar esos ejemplos del pasado para iluminar el camino del futuro.
Este año hay muchas fechas que podemos recordar colectivamente. El 20 de abril se conmemora el cuadragésimo aniversario de la aparición de Exodo ’74 y en mayo el centenario de Fernandito Alvarez. Hay muchas historias que recolectar y mucho por aprender de los maestros y los ejemplos exitosos de la música hecha por vegabajeños.