
No me pidas un poema
ser bardo ya no quiero,
no me pidas una copla
que no quiero ser jilguero.
Hoy no quiero ser poeta,
hoy quiero ser sincero;
los poetas ven estrellas
y en ellas ven los destellos
de hadas imaginarias
que sólo existen en cuentos.
No soy poeta que sueña,
yo quiero mirar al suelo
y ver en la tierra seca
el sudor de los obreros,
que no quieren oir poemas,
quieren abrazos sinceros.
No quieren la letra muerta,
quieren pan entre sus dedos;
pues anhelan calmar el hambre
del pobre, del niño, del viejo.
Y tú me pides un verso
que arranque mi fiero interno
para embriagarte en lisonjas
de un vano parloteo.
Lamento hoy no ser poeta,
soy mortal que sufro y veo,
los poetas están cegados
en los brazos de Morfeo
y sólo declaman penas
que entristecen si las leo.
No me reclames el verso
que alimente tu embeleso,
quiero ser voz de conciencia,
ser la voz del prisionero
que reclama su inocencia
cautiva entre frío hierro.
El poeta también es reo
de oscuro y negro deseo
de pasión que encendió fuego
que robó con Prometeo.
Y yo soy sombra de nada
que sólo declama versos,
que enajenan el alma mía
del mundo ruin y perverso,
que vive la falsa alegría
que permite el amo al siervo.
Y contemplo el hambre y el frío,
el dolor y el sufrimiento…
me niego hablar al vacío,
ser poeta ya no quiero.
El Hijo de Jeque
19 de noviembre de 2011