
Y los días parecían años.
Yo viví en un pueblo que murió en ogaño.
Por sus calles estrechas, la paz andaba a sus anchas,
donde el tiempo, sin reloj, indiferente se ensancha,
Donde todos conocían a todos y nadie era extraño,
Y los días parecían años.
No era posible, hacer eterno el engaño,
Los ojos ajenos venían suspicaces las miradas difusas,
susurrando por el entramado, en conversación inconclusa,
entre alternadas, fugases ilusiones y desengaños.
Y los días parecían años.
Plaza y parque parecían de inmenso tamaño,
desde mi otrora infantil, visión y mente limitada
La escuela vetusta era la gran casa de risas
habitada de niños trigueños de pelo rizo y ojos castaños
Y los días parecían años.
Se respetaba el maestro, el cura y al el ermitaño.
No había prisa entre siesta y siesta
El silencio reina entre los muros y la floresta Sombras
y la tarde consumían el presente a peldaños
Y los días parecían años.
Hoy la intrascendencia hizo de los seres un rebaño
y mi mente triste rememora los mejores días idos
Se ensimisma mi espíritu lánguido y conmovido
Recuerdo añorante, la vida modesta y sencilla en antaño
Y los días parecían años.
Por este hoy raudo y culturalmente huraño
en que nos maneja la vida, el querer cosas por acecho,
vamos insaciables y angustiosamente insatisfechos.
Ayer, nada era urgente en el quehacer mío o aledaño,
Y los días parecían años.
DCR. 26/ III/ 2014. Responder, Responder a todos o Reenviar | Más