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Existir es estar en este lugar que rodean las estrellas
y relacionarse por los sentidos con las cosas y los seres,
con actitud trascendente entre angustias y placeres,
dirigiéndonos siempre inquisidores hacia ellas.
Es salir de la singular conciencia para integrarse,
con este mundo que evoluciona eternamente.
Es algo activo, continuo y complejo plenamente,
pasando entre todo, con afán de interesarse.
Y así vamos de manera expectante y consciente,
cuidándonos y ocupándonos de las cosas.
Las ambigüedades omnipresentes nos acosan,
mientras construimos nuestro imaginario inherente.
Ambiente de conjunto de complejas relaciones
útiles entre sí y respecto al hombre, siempre cambiante
Así se constituye el espacio del humano inconstante
entorno al tiempo limitado y entre contradicciones.
La libertad es la llave a las omnímodas posibilidades.
Nacemos con ella, intrínseca e inalienablemente.
Somos responsables de ella en nuestro cuerpo y mente
y sin que nos absuelvan excusas, ni vaguedades.
Únicamente así, podemos hacernos a nosotros mismos.
Lo máximo y lo mínimo, están en ese camino.
La razón descubre la realidad de nuestro sino.
Los sentimientos y la angustia embullen en sincretismo.
Existir es un absurdo, sin objetivo centrado y claro.
Vamos sin rumbo enfrentando contingencias.
No hay nada que pueda explicar la existencia.
Aquí estamos juntos y solos por desamparo.
Somos libres para escoger sin garantías de nada
y cosificarnos es negar nuestro ser constante.
Decidir es un riesgo recurrente y apremiante
en esta selva de cazadores, presas y carnadas.
DCR / 19, IV, 2013.
Del libro “Espejismos Imaginarios en la Temporalidad”.
Poemas y Fábulas.
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