Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
En Vega Baja se ha hecho muchos censos a lo largo de la historia. Censos de población, comercio, agrícolas, industriales y de todo tipo. Los censos son básicamente, una enumeración y descripción de lo que existe a los fines de determinar los pasos a tomar en adelante. Por disposición de ley federal, los censos poblacionales se hacen al principio de cada decenio y tienen efectos en la composición de los distritos senatoriales, distritales y municipales y en la participación en la asignación de fondos.
A los historiadores nos gustan los censos porque nos permiten desmenuzar cualidades de la sociedad de cada época. La tradición oral nos da una idea de lo que existía, los documentos nos lo confirman y los testimonios le imparten vida. Pero los censos nos permiten cuantificar e identificar realidades.
Un censo es hecho generalmente por un enumerador. En 1940 una enumeradora era Primitiva Silva viuda de Sierra. Maestra, madre de varios hijos, es la persona que tomó esa responsabilidad en las calles principales. No sé mucho de ella, excepto que para entonces tenía 37 años y residía en la Calle José Julián Acosta y que era pariente de la madre de José (Pepito) Torres Silva, el vegabajeño músico y director de la Orquesta Siboney.
El Censo de 1940 se comenzó a hacer el 1 de abril de ese año. Tenía muchos espacios para llenar, algunos de los cuales nos resultarían extraños y hasta ofensivos. Las entradas que he estado investigando es la de las ocupaciones de los ciudadanos, o sea, a qué se dedicaban los vegabajeños de esa época. Hay otros aspectos de un censo que se pueden investigar.
Cada censo tiene, en su parte superior, un número de control para cada página, el nombre del enumerador, la fecha y la calle o calles que se trabajaron. La información va desde el nombre y apellidos del censado, la edad, la ocupación y otros datos de su persona y familia. Si es la principal persona de la familia -casi siempre el varón mayor- se le denomina jefe o jefa, hijo, hija, nieto, sobrino, ahijado, sirviente o sirvienta, alojado o alojada.
En las denominaciones de sirviente y sirvienta tengo que hacer una aclaración. Aunque parece ser algo de la época de la esclavitud, sesenta años después de la abolición había ese empleo y no muy bien protegido por el estado. Los sirvientes eran menores de edad mayormente y eran considerado como parte de la familia, de hecho eran censados como parte del núcleo familiar. Hay que tener en cuenta de las condiciones de pobreza de una década anterior de plena depresión y la siguiente en que comienza el censo donde ya había estallado la Segunda Guerra Mundial.
Los alojados generalmente eran personas de otros pueblos que venían a trabajar a Vega Baja, como maestros o empleados de la Central San Vicente. Aun cuando no eran parte de la familia, se les censaba igual dentro del núcleo familiar.
La enumeración, como he dicho, incluía el nombre y los apellidos. En los varones, era usual unir el apellido paterno y el materno con una conjunción «»y». Las mujeres eran como si fueran propiedad del hombre pues utilizaban su apellido paterno seguido de la «de» y el apellido de su esposo. Por ejemplo, había un carpintero que se llamaba Luis Pérez y Vega y su esposa, que era enfermera, se llamaba María Pimentel de Pérez.
Algunos de esos nombres los he visto en la Fototeca Jimmy Rosario. Afortunadamente, mi padre comenzó su carrera como fotógrafo tres años después y podemos reconstruír el rostro y los estilos de los vegabajeños para los años posteriores de esa generación de 1940.