Hace cerca de cuarenta años que elaboré una teoría sobre lo que define el gentilicio vegabajeño.
Al menos, desde principio del siglo XX nos llamamos como tal el que ha nacido o residido en lo que conocemos como el pueblo, municipio o ciudad de Vega Baja, en Puerto Rico. Esto lo he unido al sentimiento de ser vegabajeño más que al vínculo de un registro demográfico o electoral o una dirección residencial porque no se trata de ninguna ley el ser vegabajeño, sino de la voluntad de serlo.
Posteriormente he trabajado con muchos temas relacionados, como los cognomentos (cómo nos llaman o somos conocidos), el origen de algunos nombres de barrios, sectores y hasta de los nombres con los que se ha conocido Vega Baja a través de su historia. Mis trabajos de investigación se basan en hechos y opiniones de otros autores, tradición oral, documentos, percepción y análisis filosófico, sicológico y sobre todo histórico. Explico.
Desde mi niñez he escuchado utilizar la palabra vegabajeño. Oía hablar del Trío Vegabajeño, los Vegabajeños Ausentes y que yo era un vegabajeño. Esto daba un sentido de pertenencia, de diferencia con el resto del mundo y un sentimiento. Pero, ¿donde comenzó todo?
Vega Baja es una municipalidad que desde la colonización contaba con personas poderosas social y económicamente que querían que la región del Sibuco, el Naranjal o La Vega, como fuimos conocidos de tiempo en tiempo, se ubicara en donde la conocemos actualmente. Vega Alta, antes de dividirse y fundarse en 1775, era parte del territorio de que también integraba nuestra ciudad cuando pertenecíamos a Manatí, que a su vez había sido fundada en 1730. La tradición oral concede a nuestra ciudad su origen formal desde 1776.
El orígen de las dos palabras vega y baja, en español, sugiere que es una consecuencia de la costumbre de nombrar los lugares de acuerdo a su topografía. En el caso de La Vega, de la cual se divide luego la Vega Alta y la Baja, era muy común ponerlo a lugares de España y América, como la región de Vega Baja del Segura en España, La Vega en la República Dominicana y Las Vegas en el estado de Nevada, todos lugares de presencia cultural española. De hecho, son más los nombres vegabajeños por su entorno geográfico que por cualquier otra razón para nominar: Rio Abajo y Rio Arriba, Algarrobo, Tortuguero, Ceiba Sabana, Quebrada Arenas y La Trocha.
Otro colorario a esta teoría es que era usual, tanto para España, Francia como Inglaterra, encontrar nombres de lugares ya existentes en el Viejo Mundo, como Nueva York, Nueva Jersey, Nueva España (Mexico), Nueva Orleans.
Vega Baja es un distrito de la Provincia de Alicante de España con hermosas playas y tierras bajas fertilizadas por el Río Segura que entra al Mar Mediterráneo, coincidente en concepto geográfico con nuestro Vega Baja.
Obviamente, parece evidente que las palabras Alta y Baja que suceden a la palabra Vega en nuestros pueblos hermanos, se concedieron por la altura de los poblados en relación con la costa. Los dos centros tradicionales no están al mismo nivel. Vega Baja está más cerca de la costa mientras que Vega Alta lo está de la montaña.
El arqueólogo Carlos M. Ayes Suárez tiene otra teoría. El cree que Vega, La Vega o Vega Baja provienen de una familia Vega que es mencionada por el cronista Fray Iñigo Abbad y La Sierra y de la cual hay evidencia histórica hasta nuestros días de su existencia.
Encaja muy bien con otra tradición toponímica de ponerle nombres a los lugares por personajes, o dueños relacionados con el lugar. En Vega Baja hay varios lugares en ese plano, como Carmelita, en el barrio Ceiba, que originalmente fue una hacienda de alguien de nombre Carmen, San Vicente, Cabo Caribe, Colinas del Marqués, por Leonardo Igaravídez, el Marqués de Cabo Caribe, el sector Miss Kelly, por una maestra de ese nombre, Almirante Norte y Sur, por ser las “tierras del Almirante» Cristóbal Colón, entre otras.
En respeto a la verdad histórica debemos tener en suspenso cualquier conclusión sobre el orígen del nombre de Vega Baja y no descartar ninguna otra teoría. Hay que seguir recopilando información, estudiando documentos y comparar nuestros comienzos a los demás.
Este asomo a la verdad definitiva es con lo que contamos hoy día. Tal vez en el futuro podamos aclarar este misterio de nuestro pasado.
