Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Hace unos días publicamos la Carta Abierta que Edgardo Feliciano Sánchez le dedicó al alcalde Marcos Cruz. Yo respeto mucho a este jóven, a quien muchas personas de todos los partidos políticos también aprecian y distinguen. No veo motivación destructiva en su misiva pero si una perspectiva equivocada de algunos conceptos que tradicionalmente estaban presentes en las actuaciones postelectorales de los partidos políticos y que por lo menos, en Vega Baja, están cambiando.
Creo que nunca debió escribir la Carta y menos hacerla pública. Pero su
valentía y honestidad, inusual en los políticos, motiva mi atención.
Edgardo se refiere a lo que motivó su ausencia del Abrazo Popular. Dudo que su ausencia fuera muy notada, porque eran más los ausentes que los presentes. El resultado de este evento este año es que se tiene que revaluar si el año que viene es conveniente hacerlo, porque al Partido Popular local no debiera demostrar dificultades en congregar a la masa electoral que le apoyó en 2012, pues siquiera hace un año de ese gran apoyo.
Cuando Feliciano dice que se siente frustrado y desilusionado con varios
líderes de su partido, lo hace desde la perspectiva de candidato vencido en una contienda electoral. Habla de su esfuerzo y el favor público que recibió contra el candidato penepé que le ganó. De acuerdo a su Carta Abierta, el esperaba ser considerado para un puesto público de importancia por el hecho principal de que su Partido Popular ganó y se debía premiar su esfuerzo partidista con fondos públicos, elevándole a una posición dentro del gobierno. Alega que hizo las gestiones y que incluso lo esperaba de Marcos Cruz, el alcalde electo.
El confió también en la palabra generalizada y empeñada del Alcalde de que consideraría con prioridad para los niveles superiores de la alcaldía a los que ya eran empleados municipales y él cualificaba con todos los criterios. Incluso se ofreció a dirigir Programas Federales, por su experiencia.
La frase clave de su escrito es la siguiente: «Jamás me imagine que hubiera tan insensibilidad, ego y grandeza de muchas personas que se olvidan de las necesidades del prójimo y de aquel que te dio la mano cuando más la necesitaban, sin esperar Nada a cambio. Repartí varias cartas expresando mi situación familiar y financiera a varias oficinas legislativas y nada pasó. Yo no quería un buen puesto para quizás comprarme un carro o una casa, buscaba mejorar mi situación económica, pues adicional a mis gastos personales aun arrastro una deuda de la política, pero la más significante es que yo tome la decisión de quedarme con mi madre en mi casa que es paciente de alzhéimer y su seguro social no cubre todas sus necesidades».
He dicho que nunca debió de escribir esta carta y que no debió hacerla pública, porque está equivocada. Los que se postulan para cargos públicos tienen la opción de ser electos o no y tienen que vivir con eso. No hay un derecho a ser colocado en ningún otro puesto que no sea el que compitieron cuando perdieron. Pero también en la carta no hay una sola palabra que indique que la persona ha estado ansiosa de servir al pueblo, sino de servir en un puesto, que es una cosa distinta. Y su asunto personal nos puede hacer solidarios, pero nunca puede ser motivo de consideración para promoción con el dinero del pueblo.
Esa carta la escribió como el mismo dice, con mucha frustración. Conozco a otros empleados municipales, como él, que pensaban que Marcos los iba a nombrar en puestos de mayor jerarquía y algunos hasta atacan a los que nombró en esos puestos porque ellos se creían que merecían mejor que otros la oportunidad. Pero los políticos tienen que cuidar su lenguaje escrito, que es lo que se queda grabado para la historia. Y esa carta no describe a la persona que yo conozco, que es un buen empleado público, dedicado y responsable que debiera estar ocupando un puesto de dirección en el Gobierno Municipal o en el Gobierno Estatal, pero no por sus méritos como político. De hecho, como Representante del Distrito 12 creo que hubiera sido mejor que el actual incumbente Héctor Torres.
El piensa que el mensaje que le enviaron los populares al alcalde con el asunto de la poca asistencia al Abrazo Popular es que tiene que respetar a la base del partido y no puede aislarse. Tampoco creo que tenga razón en esto. A mi me parece, por lo que me dicen otros populares del corazón del rollo, que éste fue el diseño para este año del Abrazo Popular. Yo no vi ninguna propaganda para la actividad ni ninguna invitación pública. Los que fueron, dicen que fue como una reunión social de conmemoración. Como cuando cuatro gatos se van a conmemorar al Día de Muñoz Rivera, Hostos o el 4 de julio. Una audiencia calculada para que no digan que hay olvido.
Sobre la falta de palabra del alcalde, quizás algo de eso sea cierto. Ya la historia ha marcado circunstancias específicas de falta de coordinación entre el dicho y el hecho de parte de Marcos Cruz, pero eso no lo hace un embustero, sino un incumplidor de lo que ha prometido en ciertas circunstancias específicas, lo que mina en algo, su credibilidad. Con eso, él tendrá que bregar, pero sigue siendo para mí generalmente una persona honesta y confiable en el cual tenemos cifrado el buen futuro para nuestra ciudad.
En el asunto de Edgardo, no encuentro elementos de que el alcalde haya incumplido su palabra ni ofrecimientos con él, ni tampoco creo que lo que él ha escrito le pueda hacer descalificar en el futuro para progresar en la administración municipal. Eso lo sé porque cuando le pregunté si iba a iniciar acciones contra las dos personas sancionadas con multas por la Oficina de Etica Gubernamental, me dijo que entendía que los castigos eran suficientes y que él no iba a desarrollar ninguna persecusión contra ningún empleado público. Y aquellas personas eran del partido contrario.
Estoy seguro que el alcalde en su momento encontrará en Edgardo Feliciano Sánchez lo que verdaderamente tiene que ver en un empleado o funcionario público: que es un recurso valioso que debe valorarse en su justa perspectiva y asignarle labores de provecho para el pueblo.
Mientras tanto, viviremos con el lamento de una carta apasionada pero desafortunada que solo levanta un poco el cotilleo político de los que la apoyan y de los que la rechazan y que puede traer animosidad innecesaria entre algunos vegabajeños.
