Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Uno aspira a que los interactuantes que uno se encuentra en el paso de la vida sean personas de buen carácter, de buena fe y auténticos. Lamentablemente, la vida nos presenta una diversidad de personalidades diversas y a veces por unos de una clase juzgamos a los demás.
En estos días he recibido información de unos machineros en nuestro barrio que son unos verdaderos machos imponentes cuando se trata de defender su negocio y que tienen la convicción de que lo suyo es lo importante y los demás, que joroben.
Ustedes saben que me enfrenté a Edgar Santana, Irving Piñeiro y a todos los de afuera que vinieron a plantar bandera, a pensar por nosotros y a hacer las piruetas que ensayaron. Confronté a compañeros y amigos de toda la vida del Partido Nuevo Progresista y la amistad incondicional que les daba se perdió por los dinares con los que los compraron y por la debilidad de carácter de ellos.
Para que este pueblo no se terminara de perder en la nueva teoría de gobierno de barro que diseñaron, comencé en 2006 El Diario Vegabajeño con más enemigos que simpatizantes que con el tiempo se han convertido en una familia grande de gente de extraordinarias ideas, solidaridad con la libre expresión y un futuro brillante en el que ya no soy esencial ni importante. Creemos, pero no sabemos -los historiadores del futuro lo dirán- que nuestra visión ayudó a forjar la historia que hemos vivido, la derrota de los incapaces y el renacimiento de una nueva esperanza para nuestros compueblanos. La fuerza del pueblo los derrotó. Aun esa fuerza está activa aquí y en las redes sociales, donde sigue el gérmen de la decencia y el progreso.
Volviendo a los machineros. Hace unos años, uno de ellos violó y luego colgó de un palo a una niña en la Carretera 155, aquí en Vega Baja. Yo fui a pie hasta el lugar de los hechos y ví el triste espectáculo de la niña pendiendo de la rama, lo que me causó tanta pena y dolor que nunca más he tenido curiosidad de ver gente muerta. En otros pueblos hubo actos de negligencia al operar las máquinas y murió y se hirió gente. En unas Fiestas Patronales en un pueblo del oeste, dejaron caer una estrella por estar en estado de embriaguez o drogados.
Eso no dice nada de los demás que fueron y son machineros. Pero estos días he visto algunos y los he oído decir cosas de una supuesta supremacía de lo que hacen sobre todas las demás personas, incluyendo al alcalde. Ellos se creen los dueños de la calle porque la Legislatura Municipal autorizó el arrendamiento de la calle sobre el uso común de la gente de Vega Baja. Ellos representan al dueño de la compañía que dice el alcalde que apenas hace unos días lo conoció. Se fueron los negocios, oficinas, estacionamientos a justa y encima de eso tenemos que soportar a esos individuos. Tal vez la Legislatura Municipal y el Alcalde, con la experiencia de este año, puedan hacer un reglamento de contratación y no dejarlo por la libre. Esa es la cura.
El otro problema que tenemos es la Policía Estatal. En nuestro pueblo es disfuncional. Cuando cualquier ciudadano va al Cuartel de Vega Baja las respuestas de los retenes, los agentes y los oficiales son de desorientación y de tratar de que el ciudadano desista de ocuparlos. Ellos son pocos y lo entendemos, pero estamos a la merced de los ladrones, agresores y violadores de todo derecho. El trabajo de ellos es proteger la vida, la integridad física y la propiedad. Pero se zapatean los problemas porque el tiempo no les da después de pasear en las patrullas o ponerse a hacer chistes para mantenerse al márgen de la violencia y las investigaciones y poder sobrevivir en un ambiente hostil. Puedo mencionar a algunos agentes que están en ese predicamento, pero hay un sargento que es el rey de la insuficiencia, el maltrato a los ciudadanos y la prepotencia. El miércoles daré a conocer su última peripecia.
Tengo que hacer excepción de que en mi crítica no incluyo a la Policía Municipal, que a pesar de las privaciones de recursos están haciendo maravillas, ha cambiado mucho desde que llegó a dirigirla el Teniente Edgardo Santiago y su relación con los ciudadanos es, hasta donde sé, ejemplar.