Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR
Próximos al regreso escolar, es menester que las autoridades escolares, los maestros, padres y estudiantes de Vega Baja se ocupen de tomar posesión literal de las escuelas. Sin amor nada funciona y el amor por las escuelas y su entorno propicia el sentido de pertenencia. Este debe ser el año de dejar de echarle la culpa a todo el mundo porque el sistema educativo no funciona. Lo que no funcionamos somos nosotros.
Yo estudié en las escuelas públicas de Vega Baja. Le debo a mis maestros mucho de lo bueno que he sido, lo malo no lo aprendí en las aulas.
En estos días tenemos que repasar cómo comenzaron las cosas en la educación en nuestra ciudad. La mejor fuente sigue siendo la publicación del historiador vegabajeño Luis De la Rosa Martínez,Historia de la Instrucción Pública en Vega Baja (1814-1910), Sociedad de Investigaciones Arqueológicas e Histórica SEBUCO, Inc., 1980, la cual narra el viacrucis económico y social en torno a la creación de un sistema educativo hasta 1914. De alguna manera hay que reproducirlo, pues se publicó en 1980 y su edición fue limitada. Muy pocos de los miembros del sistema educativo de nuestra ciudad lo conocen.
Algunas de las historias de las escuelas han sido documentadas por mi padre en su serie de trabajos de información e imágenes Historias de Vega Baja. Entre ellos, están los siguientes:




