A Vega Baja
El mar te brinda espumas en grandes aletazos.
El Cibuco se crece para poder besarte.
El monte se encarama para mejor mirarte
y la feroz llanura te estrecha entre sus brazos.
Poetas y escritores de sin igual valía
desde tus áureas playas cantaron sus endechas,
y desde aquí El Caribe, enderezó sus flechas
al pecho de palacios que olvidó su hidalguía.
Lloréns cantó tus valles y tus lindas mujeres.
Nos lo prestó Collores para tan grande empresa.
López Landrón te dió su honda filosofía.
Manuel Padilla Dávila te regaló poesía,
y yo, que nada tengo, te entrego mis quereres
con fervor de creyente que esta plegaria reza.
(De su poemario Montaña, Cielo y Mar, publicado en 1962.)
