
1/14/2013 Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
«La lealtad tiene como consecuencias la seguridad de andar por un camino recto, sin inestabilidades ni perturbaciones; y la de afirmarse en esta certidumbre: que existen el buen sentido y la dicha».–San Josemaría Escrivá De Balaguer
Es obligación de cada funcionario público prestar juramento de fidelidad ante un funcionario autorizado para tomar juramentos. Ese juramento es una entrega de parte de las libertades del ser humano para no abusar de los bienes y de los poderes que se le entregan. Inmediatamente nace una obligación moral de actuar, como lo pensó el Padre Escrivá de Balaguer, de andar por un camino recto, sin inestabilidades ni perturbaciones.
La lealtad es una ley escrita en el juramento que el alcalde Marcos Cruz Molina y los diez y seis legisladores municipales van a otorgar hoy. Pero no es ley escrita que haya que cumplirla. Ser desleal es un acto que puede conllevar violaciones a las leyes y a los reglamentos, pero no es, bajo ninguna circunstancia, autoejecutable como crímen o falta.
El alcalde Edgar Santana prestó juramento hace ocho años y fue desleal a su partido político, al Gobierno Municipal, a su familia, a sus correligionarios, a sus amigos y a todo un pueblo, pero no fue acusado de deslealtad sino de delitos específicos relacionados con su desempeño como alcalde. El alcalde Iván Hernández ha sido querellado ante las autoridades de abuso de poder, que es una forma de ser desleal, pero no se le está considerando este aspecto, que obviamente, está presente en todos los actos que conllevan a la falta administrativa o al delito.
Con esa experiencia, Marcos Cruz decidió ser leal a su pueblo y no a su partido al escoger a los funcionarios públicos que ha nominado hasta el momento. Lo hizo en su primer acto oficial como alcalde electo al escoger personas de reconocida calidad al Comité de Transición y no nombrar políticos que fueran a buscar material para perpetuar el ataque político. El resultado es un informe objetivo, confeccionado por personas de todos los partidos, que de seguro permitirá cumplir el doble objetivo de estudiar el pasado y el futuro de la administración pública de nuestra ciudad. Su segunda oportunidad de demostrar su fidelidad, ha sido el de la designación de sus ayudantes y funcionarios de pasado productivo y capacidad probada, en lugar de activistas políticos que trabajen para asegurar su continuidad como alcalde.
Tal parece que se inicia la era de la lealtad en nuestro municipio. Pero no de aquella lealtad que solo sirve para allegarse bienes materiales y subordinados incondicionales para la persona del alcalde, sino la lealtad colectiva que debe haber hacia el poder temporero cuatrienal que redunde en el mejor beneficio para los ciudadanos. Para muestra, con un botón basta.
Sabemos que el poder está lleno de tentaciones. Solo la lealtad a sí mismo en un hombre moral como el alcalde, puede rendir frutos a la ley no escrita.