
Por Félix M. Cruz Jusino
El Puerto Rico del siglo XXI, requiere una visión holística e integrada de lo que es el oficio de historiador, quien ya no es solo el científico que minuciosamente investiga el pasado para un presente, muchas veces ensordecido por axiomas socioculturales que lo limitan en su percepción de la continuidad evolutiva de la Nación.
La Patria exige redescubrirse a sí misma para romper con limitaciones autoimpuestas por lacayos serviles que nos han sumido en la ignorancia, la mediocridad y la impotencia para tomar control absoluto de nuestros destinos como pueblo y cultura prominente en un Planeta en total y continua transformación.
El historiador tiene el deber histórico de sacudir los cimientos de esta sociedad que se desploma vertiginosamente ante políticas socioeconómicas, educativas y culturales ineptas y fallidas. Las nuevas generaciones buscan y exigen respuestas. Es el historiador quien tiene que saciar con su sapiencia el hambre de saber, pero esto no se hace solo desde una catedra, esto se hace desde las entrañas de las comunidades.
El historiador de este siglo, junto a antropólogos, arqueólogos, investigadores históricos, educadores y otros profesionales tienen el deber moral y social de rasgar el velo de la ignominia que nos corroe para que las nuevas generaciones puedan sacudirse de engaños impuestos por conquistadores fatídicos, que no cejan en su empeño en destruir nuestra identidad como puertorriqueños.
Es hora de ir a las trincheras. Investigar, informar, educar, motivar, desarrollar, implementar, guiar… son verbos que redefinirán a los historiadores e historiadoras de este siglo, pues de ellos y ellas dependerá el futuro de nuestro pueblo. Puerto Rico clama por sus historiadores para encontrar su senda hacia un nuevo y grandioso amanecer.