¿Cómo queremos esta campaña política los vegabajeños?

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

TJRM por Edgardo PabónLa educación en mi hogar y de la que soy autodilacta es la historia vegabajeña. Aprendí y continúo aprendiendo porque se ha convertido en una emoción, pasión y meta en mi vida. Como estudioso de mi pueblo, quiero lo mejor con mi corazón para nuestro futuro colectivo. La educación formal que recibí es en la historia y en el derecho. Profesionalmente me desempeñé por muchos años como Investigador en la materia de historia del derecho puertorriqueño para la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana y luego como abogado en las jurisdicciones estatal y federal.  Estuve en finanzas agrícolas y como asesor legislativo en el Senado y la Cámara de Representantes. Tengo el honor de haber asesorado a las delegaciones de los tres partidos políticos de la legislatura Municipal de Vega Baja.

En todas las etapas de mi vida he tenido que manejar la mejor evidencia. Este concepto es aquella que pueda establecer certezas en los hechos. Y los hechos son importantes para establecer el pasado, el presente y el futuro. ¿Que puede haber más de una verdad? Claro que sí. «Nada es verdad, todo es mentira, todo dependerá del color del cristal con que se mira».

Pero cada verdad debe estar fundamentada por pruebas. Y dependerá del foro donde se presentará esa prueba, que se determinará cuán convincente -o legítima – es esa evidencia. Por ejemplo, en un caso criminal, los casos se prueban más allá de duda razonable. Eso significa que habrán más razones para excluir prueba que alcance un fallo de culpabilidad por un juez o un veredicto de un jurado. En un caso civil, no existe esa garantía de máximo de prueba para encontrar culpabilidad en un delito, que aparece consignado en la Carta de Derechos de la Constitución de Puerto Rico. En los casos civiles, la regla es preponderancia de la prueba, que es un concepto mucho más liberal que lo que permitiría una sentencia de prisión, pago de multa u otras condiciones secundarias.

En la historia vegabajeña, como en todas las historias, el valor de cada recuento o análisis debe ser lo más riguroso posible, para ser útil a nuestra sociedad. En ocasiones, prescindimos del rigor para hacer labor de divulgación y ubicación, esperanzados que una persona responsable en su día recoja la evidencia y nos sorprenda con una historia responsable más allá de la reseña periodística que iniciamos.

El mundo de la política, penosamente, es el lugar de las mentiras, medias verdades, donde el principal interés es capturar el voto con la percepción y no con la realidad. La verdad, tiende a ser lo menos importante que los políticos dicen y expresan, y eso, es lo que en ocasiones define el curso de la historia de las administraciones de gobierno en todos los niveles municipales, estatales y federales.

En el pasado hemos visto mentiras forjadas por la oposición política y aun por los mismos sectores de un partido para desestimar a las administraciones municipales como cuando se decía que Luis Meléndez Cano no había hecho nada o que Iván Hernández «había traicionado» a Edgar Santana. En el 2012 dijeron muchas mentiras del hoy alcalde  y del nuevo Comité del Partido Popular. Algunas de las que recuerdo eran que «el que va a gobernar es Luis Meléndez Cano»; «Marcos Cruz es gay»; «van a poner a guisar a los inversionistas políticos de la campaña de Marcos Cruz»; «Marcos es maestro y no sabe como administrar una alcaldía»; «Marcos Cruz fue el que se robó de los archivos de la Escuela Superior lo de las notas deficientes de Edgar Santana» y  «son capaces de cualquier cosa».

Nunca aceptaron que Marcos Cruz fue un estudiante excelente, que tenía una experiencia administrativa y legislativa de excelencia, participación en la vida social, deportiva y religiosa de Vega Baja, que constituía un matrimonio ejemplar y que había sufrido el destierro político por los pares mismos que le criticaban. Mucho más, nadie habló de su prudencia cuando tuvo que esperar cuatro años más para postularse cuando Luis Meléndez Cano decidió volver a postularse por última vez, ya fuera del poder.

En la política partidista no hay mucha honestidad, sino oportunismo y distorsión de la realidad. Algunos no hablan mucho, otros hablan en el lenguaje Klingon que solo ellos lo entienden, otros inventan leyes, reglamentos, informes de contabilidad o fiscalización, partidas que benefician a personas o grupos y sus propios vaticinios de que esto malo le va a pasar en el futuro al incumbente o al opositor. Y lo peor es cuando echan a correr rumores sobre supuesta inmoralidad de los candidatos. A veces el mero hecho de ignorar estos ataques, supone para muchos una aceptación tácita.

Lo mejor que podemos pedirle a los candidatos de todos los partidos y a sus directores de campaña, es que sean honestos y prudentes y que si van a hacer una denuncia pública, es mejor que tengan la prueba y que esta sea contundente. La mera especulación no es un arma efectiva para que el ciudadano común la crea como antes, cuando no habían medios instantáneos para descubrir los fraudes en las campañas.

La Escuela de la Historia Vegabajeña no se solidarizará con ninguna de las verdades en esta campaña política de 2016, pero estaremos analizando los hechos y la evidencia. Cada uno de los investigadores somos jueces independientes y celosos con la verdad histórica y la vamos a hacer valer públicamente.   Somos amigos de la verdad y si los candidatos la dicen, serán nuestros amigos también.

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