Vega Baja
Por Julio Meléndez
Aunque no fueran más que un sueño
colgando en el istmo de una sombra,
hay un hueco en mis huesos que te clama
y una voz en mi sangre que te nombra.
Que me calas desde el Puente de La Vega
hosta el vértigo erizado de tus lomas
en la ingenua jaibería del Cibuco
y en tus noches,
en la loca romería de La Trocha.
Cuando bajas por el monte de San Pedro
y te quiebras en mil techos oxidados,
hay un soplo de nostalgia en los rincones
donde queda algún vestigio del pasado.
!Vega Baja que se baja hasta mi aliento
a endulzarme de pajuiles su retrato.
Los recuerdos florecieron vaguedades
que se fueron con Olimpio y con su cuatro,
en las notas que vibraba Che Martínez,
y en la furia de Don Lino
con la llama de su jacho.
Tu pasado corre en surcos por mi cuerpo
que se empolva los domingos
desde Ceiba hasta Pugnado.
La Sabana se ensabana de llanura,
Puerto Nuevo se refresca entre sus olas,
y en la tarde que se duerme sobre el cielo
se coagula tu contorno de amapolas.
Tu silencio se interrumpe levemente
cuando pasa Mr. Brull con sus pregones,
y en su vaho de melaza San Vicente
va regando su melao en tus balcones.
!Pueblito melao melao
Vega Baja, Vega Baja!
Dame el melao de tu amor
para llenar mi tinaja.