Por Luis Mejías Astol
Esto que les narro hoy nunca lo había contado antes. Esas sorpresas que nos va dando la vida con el transcurrir del tiempo. Tiempo que se va acumulando por décadas en nuestro ser como parte de ese acontecer diario en nuestro cuerpo y nuestra memoria, reflejándose de diferentes maneras.
Una mañana muy temprano en la madrugada, cuando trabajaba tiempo parcial en un colegio de Toa Baja, recibí una sorpresa que me impresionó tanto que aun me hace recordar cómo tembló todo mi cuerpo.
Era mi costumbre chequear la guagua de agua y aceite todas las mañanas antes de partir para el trabajo, era una rutina. Así que di la vuelta por la parte de atrás de la guagua y me embebí en mi tarea. Recuerdo que esa mañana hacía frió eran las 6 y 30, hora de partida porque si salía mas tarde me topaba con aquel horrible tapón que se originaba desde el pueblo de Dorado para tomar la carretera 165 del pueblo Terminada la tarea retorné para guardar el envase en la parte posterior del vehículo y me topo con aquel bebecito de apenas quizás 10 u once meses caminando por mi calle hacia donde yo me encontraba.
Me paralicé al ver ese niñito de tan corta edad dando traspiés por la calle, seguramente las piedrecillas de la carretera le hacían daño en sus tiernos piececitos. No salía de mi asombro y mi mente se volvió un remolino buscando… quien de mis vecinos tiene niños de ese tiempo de nacido. Nadie surgía en mi mente pues los conocía a todos. Reaccioné de inmediato como padre protector extendiéndole mis brazos. El niño los aceptó y me lo eché al hombro. Llamé de inmediato a mi esposa casi a gritos, «mira lo que te tengo en mis brazos», le dije. Me lo regalaron. Toma, protégelo en lo que llamo a la policía mientras viajo a mi trabajo».
Salí un poco más tarde al trabajo por la sorpresa recibida. En el camino me comuniqué con la policía le narré el evento y les exhorté a que fueran a mi casa donde mi esposa. Recuerdo que me dijeron… «Que bueno Señor Mejías, que lo están protegiendo, sabemos que está seguro en su casa, no tenemos mucho personal porque están atendiendo una emergencia de un choque, pasaremos a su casa lo antes posible» mientras me mantuve en comunicación con mi esposa hasta que llegué al colegio. Lo demás es historia pasada y aun espero reacciones de diferentes agencias. Pero tengo que decirles que la policía vino y ahí quedo el asunto.
Hoy la situación fue diferente. Tengo problemas con dormir profundamente y me parece sentir todos los ruidos como si estuvieran a mi lado. Fue una noche de muchos petardos, y de fuegos artificiales…. saben que estamos en ese periodo tan especial de las navidades y entre ruidos me pareció escuchar un leve llanto de bebe. Bajé el volumen del radio, quien me acompaña en el periodo nocturno y el leve llanto volvió a escucharse.
Me levanté y fui a la cocina… eran las 3 y 40 del día de hoy, 28 de diciembre. Me tomé una pastilla para el dolor del cuerpo y me acerqué a la ventana que da al balcón y a la salida de mi casa. Allí vi una caja, me estuvo raro y salí muy preocupado por lo que observaba. Hacía mucho viento, bastante fresco rayando en el frio. Me arreglé la camisa que cubría mi cuerpo y me acerqué lentamente. Tremenda sorpresa.. un bebe se retorcía de frío acostadito encima de una toalla. Me lo eché encima contra mi cuerpo para darle calor. Esta vez no llamaría a la policía ni al Departamento de la Familia. Entre con él a la casa. Tenía un papel escrito amarrado a un bracito… una nota escrita en tinta que comenzaba a borrarse. Es tiempo ya que lo sepan, esto no puede seguir oculto en la tradición… hoy 28 de diciembre se celebra en Puerto Rico el Día de los Inocentes… es tiempo de reír…. espero lo hallan disfrutado… jijijijijijijijij Nota: La primera sorpresa escrita fue real.