Mamá en Épocas Distintas

esmirna familiaPor Esmirna Vega

16, 14 y tres meses, son las edades de mis tres bebés.  Algo increíble para muchos y una bendición para otros.  He recibido muchas palabras de bendición de muchas personas, pero también críticas muy crueles de parte de otros.  Así que me decidí escribir un artículo de lo que se siente y como se trabaja en una situación como esta.  Cada uno de mis hijos es especial,  nacieron en momentos claves donde bendijeron mi vida y la siguen bendiciendo.  Nació el último, el muñequito de la casa.  Mi esposo no sabe donde meterse de la emoción, mi hija (que es la que tiene 16 años) se cree que es ella la que será mamá y mi hijo de 16 es sobre protector con su pequeño hermanito.  Un día con los 6, contando mi hija de cuatro patas, es una novela.  Mientras mi chica coge en sus brazos a su “juguetito”mi hijo le grita que tenga cuidado que no lo deje caer.  A su vez, mi esposo asustado, busca la forma de quitárselo por miedo a que le pase algo.  Sin dejar fuera a Tuty, la perrita, buscando atención de todo el mundo porque ella sigue siendo una bebé.  Si el bebé toce todo el mundo quiere llevarlo al hospital menos yo, pues sé que no es necesario, al menos que sea algo consecutivo.  Y aunque en la etapa de mis dos adolescentes su vida está en sus celulares y amigos, no me exigen nada sabiendo que su hermanito demanda mucho tiempo.  Son comprensivos y muy pacientes.  Buscan el bien para el bebé e intentan no molestarlo con ruidos innecesarios.  Para mi es una experiencia única.  Tengo más madurez, intelecto y seguridad de quien soy.  Lo que no pude disfrutar con mis otros chiquitos por la influencia de la sociedad debido a mi falta de madurez, me lo disfruto ahora impidiendo la influencia de terceros en mis decisiones.  Trato de no perder nada de las distintas etapas de mi chico, a la vez que voy observando como siguen creciendo los otros dos.  Siento la cercanía de ellos hacia mí.  Los aconsejo e intento que tomen las mejores decisiones dentro de su espacio en la escuela y donde yo no pueda estar.  Los mantengo al tanto de lo que hago para que entiendan que no los he excluido de mi vida.  Tener un hijo luego de tener adolescentes no es un trauma ni algo terrible como muchos me expresan.  Tener un hijo luego de tener adolescentes es una bendición y una experiencia hermosa para todos.  No es amor de abuela como muchos erróneamente quieren hacer ver.  Es amor de madre y punto.  Otras me expresan su pesar en volver a cambiar pañales.  El cambiar pañales no es algo terrible, es un acto de amor de una madre hacia un hijo.  Eso luego de algunos años dejará de ser, no es eterno.  Respeto a quienes no desean ser madres luego de tener jóvenes en su hogar, pero de igual manera exijo respeto hacia las que recibimos esa noticia de volver a ser madres con amor y grandes ansias.  Amo a mi familia, amo a mis tres hijos, amo a mi esposo y amo a mi hija de cuatro patas.  No somos una familia perfecta pero hay amor en el ambiente.  Agradezco a Dios esta etapa y las otras dos anteriores.  Ser madre luego de dos adolescentes no es una frustración, es una bendición que llega al hogar para todos.

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