
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Anoche pasamos un buen rato riéndonos de todo. Habló en lenguaje de la calle, con palabras llamadas soeces pero que en el ambiente respetuoso y gracioso que nos ofreció, nos parecían normales. Mi opinión es que el vegabajeño Tato Hernández triunfó profesionalmente en la pieza que nos brindó.
Creo que hizo historia en Vega Baja. No recuerdo a ningún otro vegabajeño que haya hecho un stand-up comedy en el Teatro América.
Su figura es icónica. Afeita su cabeza a raspacoco donde antes tuvo -alguna vez- una frondosa cabellera en una cara de luna llena. Aunque ha rebajado en los últimos tiempos, persigue complementar su imagen con la gracia natural de los gorditos. Una camisa ilustrada y tipo letrero de publicidad con el nombre de su programa televisivo y de su obra de teatro, completa su agradable imágen para hacerle una persona simpática a la vista. Pero tiene más atributos.
Su nombre real son tres apellidos, Feliciano Hernández Landrón. Pero ese nombre largo es solo el legal. Tato es el que a todos nos produce la felicidad que su nombre anuncia.
La exageración como elemento hilarante de las historias que cuenta tiene una base en su propia vida, lo que las hace auténticas e interesantes. Literalmente, vacila hasta con su propia madre, Nivia Landrón, quien es parte del equipo que le ayudó a presentar su show. Tato habla de su niñez, adolescencia y adultez con una seriedad y emoción a la par, aprovechando la oportunidad en cada momento de hacernos sonreír, reír o arrancar carcajadas como nos pasó a Mily Navedo, al Gallo Rodríguez y a mi desde donde estábamos presenciando el evento.
Tato tiene ingenio, talento y disposición. No hay tema que no trate y al que le de una vuelta, con mucha filosofía, provocando el estado de la alegría. Las carencias, la muerte, problemas legales, todo tiene un punto jocoso para él. Y sabe tratarlo a la par con racionalidad y emoción, para producir conclusiones sobre la vida. Su audiencia lo puede ver como una persona de profundas emociones que las dirige a un estado contemplativo de su propia existencia.
Pero creo que su mayor fuerte es la improvisación. Alejarse del libreto le añadió elementos positivos a la parte bien planificada que presentó en sus dos horas de actuación.
No le atemoriza que la sala no se hubiera llenado, es el optimista que cuenta con los que llegan y lo hace muy bien. Desde el principio su presentador, otro buen vegabajeño que también nos hizo reír, nos anticipó que dentro de esta experiencia había interés de estudiar el mercado mediante la opinión de los espectadores.
Nos ha prometido repetir con nuevos temas. Acogemos su propuesta teatral de comedia originada dentro de nuestra idiosincrasia. La risa, para el y para nosotros, en la forma asertiva que la presenta, es un asunto serio que tenemos que apoyar.