
Por Miguel A. Ojeda Trinidad
El Presidente de la Legislatura Municipal, Ebrahim Narváez, renunció recientemente a su posición y a su cargo. Lo hizo de manera inusitada y solo pocos sabían de su intención. Fue sorpresa para todos, no para mi.
Ebrahim y yo no pensamos políticamente igual, pero decidimos igual no terminar el cuatrenio para el cual fuimos elegidos. No lo hicimos por problemas morales o éticos, sino porque la iluminación bendijo nuestro entendimiento para la época que vivimos, en nuestro carácter personal.
Hace tiempo había percibido de lo que está hecho. Es un ser noble, no es poliquitero e incapaz de mantener un intercambio fogoso que hiera sensibilidades. En ocasiones le apoyé y en otras le controvertí, pero creo que ambos, por distintos caminos, hoy tenemos que darle gracias a Dios por estar fuera de la política activa, cumpliendo con el deber, en mi caso, de atender mi salud física y espiritual en forma óptima, y él, atender la familia de una manera más completa.
Este es un gran día para reflexión. Le doy gracias a Dios por permitirnos servir a nuestra ciudad y a los vegabajeños en el aspecto gubernamental y que nos haya concedido el tiempo precioso de no tener la carga de tiempo para poder dedicarlo de calidad a nuestro crecimiento espiritual.
Dios bendiga a tu esposa y a tu hija, Ebrahim y a tí también. Haz cumplido en el tiempo del Señor («Todo tiene su tiempo…) y eso tiene una recompensa a corto y largo plazo. Comparte el alimento espiritual con ellas y con todos los que conozcas. Para hacer bien, Dios nos dará los espacios que necesitemos en nuestras vidas y serán de calidad. Un abrazo.