Smyrna Vega| Reflexión sobre la muerte

Esmirna Vega
Esmirna Vega

Hoy pensando en la muerte del abuelo del alcalde me llegó a la mente mi querido abuelo. Don Juan Vega, mi abuelo, murió el 4 de julio de este año. Tengo tantos recuerdos que podría escribir una historia de ello.

Abuelo era un hombre de carácter fuerte, pero siempre estaba para cuando lo necesitara. En sus últimos años buscó la unión familiar y también el favor de Dios. Sin saber que partiría de este mundo Dios lo preparó para ese momento. Fue bien difícil ver a un hombre fuerte, lleno de energía, con un genio tremendo y con una fortaleza increíble, postrado en una cama dependiendo de los demás.

Pero un día de tantos, fui a visitarlo junto con mis hijos, mi esposo y mi hermana sin saber que sería el último día de verlo en esta vida. Al observar su condición le comenté a mi hermana que se preparara porque ese día se nos iba. Podía observar su suspiro fallido, su cansancio al intentar vivir y su agonía en la cama. Luego de marcharnos llegó mi papá con algunas personas de la iglesia, algunos de mis tios y primos. Abuelo consciente de todo se despedía con su mirada. Y mientras cantaban y adoraban a Dios con guitarra en mano y cánticos de alabanza, mi abuelo se fue a morar con Cristo junto a mi abuela.

Aunque dolorosa fue su partida, la esperanza de volverlo a ver nos llena de ánimos para no rendirnos ante una depresión incurable. El consuelo de saber que sigue vivo esperando el momento de reunirnos me llena de gozo, pues su partida no es eterna. No obstante, su ausencia no deja de doler, se extraña sus ocurrencias, su sonrisa, sus corajes, sus visitas y sobre todo su amor.

Todo él se extraña y no hay manera de evitarlo. Así que no puedo evitar dejar de pensar en lo que otros sufren cuando un pariente o amigo cercano se va. Las oraciones no están de más, las palabras de aliento tampoco. Por tal razón sugiero que oremos los unos por los otros. Todos hemos perdido a algún ser querido. Oremos, que el dolor de uno sea el dolor de todos.

De esa manera podemos comprendernos mejor e identificarnos con otros. De esa manera juzgaremos menos y ayudaremos más. De esa manera construiremos para progresar en nuestras vidas y destruiremos fortalezas de miseria espiritual. Podemos ser mejores personas comenzando con orar los unos por los otros. Dios les bendiga.

SMYRNA VEGA ABUELO

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