Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Hace varios años, se aprobó una Ordenanza Municipal para celebrar el Día del Vegabajeño. Fue presentada por el entonces legislador municipal de la minoría popular, Marcos Cruz Molina y aprobada por unanimidad por la rama legislativa municipal. El alcalde Edgar Santana la refrendó con su aprobación.
El Día del Vegabajeño debe ser un día de reafirmación. Aquella Ordenanza estaba secretamente ideada para levantar la autoestima del vegabajeño, con un gobierno incapacitado, de preferencias políticas y pillaje abierto.
Aquellos que denunciábamos esos hechos desde el comienzo, fuimos relegados, perseguidos y vilipendiados. Esa celebración festinada y desenfrenada con conceptos vacuos y sin importancia eran la nota diaria. Como en la Segunda Guerra Mundial, varios ciudadanos nos constituímos en células separadas con el propósito de combatir la ignominia y la maldad, conociendo el riesgo social de nuestra resistencia.
De un intento de rescatar un concepto que no se aceptaba en aquellos tiempos, nació el Diario Vegabajeño de Puerto Rico. Quisimos, en 2006, rescatar el poco orgullo que nos quedaba como vegabajeños de verdad que queríamos a nuestra ciudad, sin pretensiones materiales, sino solo cumplir con nuestra cuota para la resistencia colectiva. Algunos historiadores dirán que triunfamos en nuestra visión, pero nosotros sabemos que la misión apenas comienza y que tiene que durar cuanto dure la asociación de personas comprometidas dentro y fuera de este pedazo de tierra.
El vegabajeño es un gentilicio, que significa personas que se pertenecen aquí, pero la definición correcta que hemos acuñado y la más simple, es que el ser vegabajeño es un sentimiento. No hay una nacionalidad vegabajeña, pero vegabajeño se refiere a los que desarrollamos este apego por nuestras tradiciones, costumbres y modo de vida, residamos o no dentro del territorio demarcado como Vega Baja.
Somos distintos, pero tenemos que estar unidos. las ciencias sociales demuestran que cuando hay la emigración de miembros de un grupo para formar otro grupo, hay progreso. Nosotros, los vegabajeños, pues, componemos todos los partidos y aun los que no pertenecemos a partidos, todas las religiones y aun los ateos, todas las profesiones, ocupaciones y hasta aquellos para los que creen lo que dice la canción que «el trabajo lo hizo Dios como castigo».
El vegabajeño es también un objeto, grupo de personas, comercio, deportes. Dondequiera que haya una persona con ese sentimiento, hay un propósito común. El vegabajeño es también un ser en evolución, cuya definición no cambiará, pero tendrá cada día nuevos matices.
!Felicidades, hermanos vegabajeños!