Recoge basura por amor a servir

Por Soraida Asad Sánchez  

Jan Gabriel sacando el zafacón de uno de sus vecinos. (alex.figueroa@gfrmedia.com)  

El deseo de servir y su amor por los camiones, lo han llevado a ayudar a los recolectores de basura de su comunidad.

jan gabriel recoge basura por amor a servir

Jan Gabriel Santiago Díaz tiene nueve años y le encanta ayudar a los demás. (alex.figueroa@gfrmedia.com)

Cada miércoles sale a las 5:40 de la mañana de su cama, se prepara y se viste con una ropa que no es su uniforme escolar. Se sienta a desayunar en el balcón de la casa, con sus botas de goma puestas y mientras observa el vecindario disfruta la brisa mañanera. Luego se coloca unos guantes gruesos, que le bailan en sus pequeñas manos, y ahí es que comienza su trabajo voluntario.

Apenas comenzando a despuntar los rayos del sol, Jan Gabriel Santiago Díaz, de nueve años, va sacando los zafacones de los vecinos de la calle Paseo Claro de la urbanización Villa Pinares en Vega Baja.

Va casa por casa arrastrando los zafacones hasta la parte del frente de cada residencia. Si en el trayecto de la acera a la brea se cae algún escombro, lo recoge y lo coloca en el zafacón. Con mucha energía, de manera organizada y con gran concentración, va a las casas que ya sus padres le han dicho. Los padres le indican hasta cuál casa puede llegar, ya que si es por él, lo hace en todas las residencias de la larga y estrecha calle. Mientras va por las casas, interactúa con los vecinos que se asoman a las ventanas para saludarlo.

El olor de la basura es intenso, sin embargo, no le molesta porque su deseo de ayudar es mayor. “Después de un tiempo te acostumbras, no me importa el olor porque me gusta ayudar. Y tener la urbanización más limpia”, comentó el menor de dos hermanos, con una tímida sonrisa.

Una vez finaliza con la remoción de los zafacones, espera por la llegada del camión. En el interín, revisa si hay alguna que otra rama de árbol en el pavimento, o algún desperdicio en la calle. No puede estar quieto, siempre está al pendiente de cada detalle. Maximizando el tiempo en lo que llegan “los muchachos de la basura” va verificando cuales zafacones no pesan tanto para ser él quién los vierta en el camión.

Su cara adquiere un brillo especial una vez escucha el camión acercarse y los silbidos y gritos de los recolectores de desperdicios, comúnmente conocidos como basureros. La llegada del camión marca el inicio del punto culminante de su voluntariado. Unos buenos días y un apretón de mano, dan el tiro de salida para la carrera que va de una acera a otra y que incluye saltos esporádicos al camión para “poner la pala”, que es el momento en el que la basura se comprime. Esa parte le fascina. Con todas sus fuerzas tira de la palanca, mientras que el recogedor de desperdicios Daniel Toribio Ramos, lo incita a volverlo a hacer, con un fuerte, pero cariñoso: “ponle, ponle”.

El olor es intenso, las moscas se ponen juguetonas, el “juguito” o “caldito” que cae del camión se interpone en su paso, pero este humilde niño no permite que nada lo distraiga. Sigue al pie de la letra cada paso de su rutina y cada instrucción que le dan.

“Ya ese (Jan) es adoptado”, dice Toribio Ramos, quien lleva 11 años trabajando como recolector de desperdicios. “Nunca había visto un caso así. Me ha robado el corazón. Es un nene bien ejemplar, un nene muy bueno”, expresó conmovido.

Todos los miércoles se levanta temprano para ayudar a recoger la basura de su urbanización en compañía de los recolectores.

Como cada miércoles, ya al final de la calle Paseo Claro, un sudado, agotado y satisfecho Jan Gabriel, le estrecha la mano a sus compañeros. Esta vez, la despedida incluyó la promesa de parte de Toribio Ramos de traerle un par de guantes nuevos, ya que los que tiene están desgastados. “Dios te guarde, te veo después. Te traigo guantes”.

Y con la esperanza de que el nuevo par de guantes sea color azul, Jan Gabriel, quien desea convertirse en un ingeniero, se retiró a su casa a bañarse y prepararse para ir a la escuela, donde mantiene excelente promedio académico.

Pasión por ayudar y por los camiones

Algunos no podrán comprender cómo un niño a tan corta edad, disfruta de ayudar a los recolectores de desperdicios sólidos. Pero según explicó su padre, Luis Santiago, “desde que él podía caminar siempre se asomaba en la ventana y veía los troces de basura, luego salía cuando estaba más grandecito los veía desde aquí (desde el balcón)  y los saludaba hasta que empezó a ayudarlos después”. Fue en el pasado periodo de vacaciones de verano, que Jan Gabriel comenzó a ayudar a los recogedores de desperdicios sólidos que pasaban por su casa.

“Su fascinación es jugar a troces de basura, él tiene troces de basura y él crea un escenario con sus troces y hace una historia de un recogido de una urbanización. Hace un escenario en toda la cama, con drones y todo de juguetes”, explicó su papá.

Su madre, Elizabeth Díaz, destacó que su hijo también ayuda a los conserjes de la escuela y hasta a las maestras. “Él ha sido una bendición para nosotros, en nuestra familia completa, desde que nació él ha sido bien especial para nosotros y (estoy) súper orgullosa y feliz de que él sea así, un nene tan bueno y que le guste ayudar a los demás”.

No hay duda de que Jan Gabriel es un niño especial y que su esencia y don de gente cautivan a todo el que lo conoce. Niños como él, dan señales de que en nuestro país hay esperanza para un mejor porvenir.

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