Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La fuerza de la opinión fundamentada cambia la historia. Penosamente, leo mucha información liviana en las redes sociales que no lleva a ningún lado. No se trata de la poesía, que es un medio recreativo de la mente donde expresamos nuestro amor y los distintos estados de ánimo, acontecimientos y sentir. Tampoco de la filosofía, que fundamenta y nos lleva a los linderos de la actividad humana en la mente y la espiritualidad, buscando resultados concretos.
No menoscabo las necesidades personales de expresión. Aquel que quiera decir que está en el trabajo, que se levantó o que se va a acostar a dormir, pues para eso tiene atadas a otras personas en el Internet que aguantan esa rutina usual y que no es necesariamente importante como tampoco es el realismo de la Familia Kardashian o la del padrastro Bruce en su transición a Caitlyn Jenner.
Quiero ser más específico. Me refiero a los políticos en ciernes. Aquellos que aspiran a una posición pública y que se están dando a conocer. Es necesario saber quiénes son, pero lo que más nos interesa es cómo piensan para resolver los problemas de nuestra ciudad y de Puerto Rico. Si se enamoran, se casan, se divorcian, tienen hijos o sobrinos, eso deben reservarlo para una nota al calce en su presentación oficial, porque eso tal vez es parte de su temperamento, valores personales, creencias, consistencia y costumbres, pero nada dice de cómo administrar o trabajar los asuntos contemporáneos.
Salir en fotos bien peinado y vestido es una costumbre para que todos perciban que es una persona formal. Pero ese, por ser un truco de imágen que todos usan, es lo usual y no produce resultado a menos que el contrincante cometa errores en su material público y pueda compararse lo que dice con lo que se averigua de su vida. Y ese material público a veces lo produce el público con imágenes sorpresivas.
A veces también surge de lo que los mismos candidatos publican, casi besando y apretando a otros candidatos de otras posiciones más elevadas, señalando al otro o dejándose señalar y asegurando mediante textos que hay solidaridad con su candidatura. Las imágenes sugieren, pero la verdadera historia corroborará o negará.
La trivialidad la define el diccionario de la Real Academia Española de la siguiente manera:
trivial. (Del lat. triviālis). 1. adj. Vulgarizado, común y sabido de todos. 2. adj. Que no sobresale de lo ordinario y común, que carece de toda importancia y novedad. Expresión, concepto, poesía trivial. 3. adj. Perteneciente o relativo al trivio (‖ división de un camino en tres ramales).
No estoy criticando a nadie en particular. Pero lo que algunos hacen definen la extensión de su capacidad o al menos la apariencia mediante la cual el público percibirá lo que son. Entre los candidatos y sus electores debe haber un respeto mínimo en la oferta.
Dénle a los vegabajeños elementos concretos de juicio. Permitan que se formulen opiniones fundamentadas. El fenómeno de Edgar Santana, de poca capacidad, no se va a repetir después de la experiencia funesta para esta ciudad.
No produzcan juegos de luces que pretenden deslumbrar porque por la brevedad y liviandad, no iluminan.