Mudo el alcalde Marcos Cruz con el asunto de los perros locos

mad dogsPor Thomas Jimmy Rosario Martínez

Thomas Jimmy Rosario Martínez
Thomas Jimmy Rosario Martínez

En varias ocasiones hemos planteado el problema que le está causando a los comerciantes, transeúntes y ciudadanos en general la filmación de la serie Mad Dogs en Vega Baja. Hace varias semanas el alcalde nos dijo que contestaría las quejas de los comerciantes por escrito, pero no lo hizo.

Mientras tanto, desde ayer, los productores de Mad Dogs han vuelto a cerrar calles y adueñarse de los estacionamientos como si fueran propiedad privada, con el permiso tácito (y tal vez expreso) del Gobierno Estatal y el Gobierno Municipal.

Los comentarios de la gente no se han hecho esperar y es lógico que se especule cuando se es parco o silencioso. Se nos han acercado ciudadanos para expresar lo siguiente:

  • «Una buena purruchá le dieron al alcalde y al Partido Popular Central para la campaña del 2016»
  • «Los de Mad Dogs intimidaron al alcalde con unos alegados permisos que les dieron en Obras Públicas».
  • «Los abogados de Mad Dogs intimidaron al alcalde y le comieron los dulces».
  • «El alcalde quiere que su nombre aparezca en los agradecimientos al final de la película»
  • «El Municipio, como está pelao, hizo contrato con esa gente y le dieron dinero»
  • «Cuando alguien viene de afuera, Marcos Cruz siempre le enseña los dientes, Si es uno de Vega Baja lo que hay es un no, no y no». «Dice que no se puede, no hay chavos, que es buena idea, pero luego no hace ná».
  • «Para el Diario Vegabajeño no habla, pero cuando viene un periodista de Primera Hora o de uno de los periódicos regionales, se pone en primera fila para decir sus alegados logros».
  • «El alcalde está caliente».

Como nosotros no sabemos lo que hay detrás de la olla, y vemos que es verdad que los productores de Mad Dogs están tomando el pueblo y el Gobierno Municipal lo permite, tenemos que también pensar, por lógica, que el silencio a veces concede espacio para la sabiduría del pueblo y que el alcalde, además de ser un funcionario público, es también un político calculador e inteligente, que mide sus palabras o cuando no puede ni siquiera medir, porque no hay palabras que puedan explicar, opta por el silencio sepulcral que solo producen los muertos.

De cualquier manera, la verdad siempre se puede decir, no hay que posponerla. Las palabras calculadas pierden importancia desde antes de decirse. Cuando tardan en expresarse,  nunca son verdades absolutas.

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