Miguel A. Ojeda Trinidad| En el altar del recuerdo

miguel ojedaHoy es una fecha para recordar. Un día como hoy comenzó por Guánica la segunda etapa colonial de Puerto Rico en 1898 y el efecto de la creación del Estado Libre Asociado en 1952, una contradicción evidente desde su propia denominación.

Y cuando escribo sobre recordar, lo hago para no olvidar y mucho menos celebrar. La historia está para analizarla en su justa perspectiva y para no repetir errores.

Un ejemplo de lo contrario ocurrió justamente otro día como hoy, cuando se escenificó uno de tantos abusos de naturaleza criminal por razón política. Todo un odio acumulado por décadas se vertió en un policía encubierto para conducir a dos jóvenes a su muerte innecesaria en el Cerro Maravilla. Lo que se supone que fuera un oficial de órden público, Alejandro González Malavé, violó todas las leyes y derechos posibles con el propósito de cargar culpas al independentismo de la desestabilización social.

En esa agenda no estaba solo. Había un historial de persecusión, carpeteo y de echar culpas a nuestro sector de parte del gobierno y los gobernantes que había comenzado desde España y que los amos del Gobierno de Estados Unidos de América reimplantaron con la alcahuetería de un sector de los mismos puertorriqueños. Los que ostentaron el poder en distintos niveles utilizaron el sistema de justicia para cometer injusticias contra los que no pensaban en la entrega política, sino en el derecho natural y políticamente reconocido de la libertad. En aquel momento y los años posteriores se manifestó un afán de encubrir el hecho delesnable del asesinato donde llamados profesionales del órden y la seguridad vieron manchado su historial de vida por los excesos cometidos.

Tenemos, pues, que recordar constantemente y no celebrar. Recordarnos de cada abuso cometido en nombre de otros ideales contra nuestros hermanos puertorriqueños y contra nosotros mismos. Desde la sencilla persecución por poner afiches, hasta terminar con las vidas de seres humanos. Por lo que ocurrió en un cuartel de la Policía en Río Piedras, la masacre del Domingo de Ramos en Ponce, el carpeteo documentado y declarado inconstitucional, hasta el sacrificio de dos almas por todo un sistema que se supone que fuera de seguridad pública. El antindependentismo  se convirtió en un método de exterminación mediante la difamación, la inutilización social, la incapacitación física, las desapariciones y en varias instancias, el fallecimiento involuntario de hermanos puertorriqueños.

En honor a la verdad, la justicia y la igualdad que profesamos como personas y ciudadanos, hoy peregrinaremos al Cerro Maravilla. Un grupo de independentistas vegabajeños que queremos que nuestra nación sea libre y verdaderamente soberana, no nos podemos quedar para que las cosas sigan pasando de la misma manera o peor.

Tenemos que ir a la fuente del suceso histórico, a sufrir siendo testigos en retrospectiva de la triste noticia que se conoció con la declaración ignorante del Gobernador Carlos Romero Barceló de que unos «héroes» habían abortado un ataque terrorista. Tenemos que repasar las páginas de la historia del carpeteo para encontrar cómo fue y cómo no debe ser.

Hay que rescatar la bandera de Puerto Rico que robaron los estadolibristas para denigrar el concepto de la verdadera libertad, la independencia y la soberanía. Ellos han ido de vaivén en vaivén mientras que la verdad del mejor futuro la proclamamos hace mucho y sigue teniendo la misma vigencia.

Recordar y buscar la verdad rinde frutos. Se trata de mirar hacia un futuro mejor que el presente que hemos heredado. El vínculo es la independencia de Puerto Rico, para dejar de recibir órdenes que no nos benefician y que nos averguenzan, que ha puesto a los hermanos en el pasado a pelear entre sí cuando debimos estar unidos buscando nuestros intereses comunes.

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