Pareja casada hace una década logra certificar su amor en Puerto Rico

Efraín y Emilio han vivido juntos desde hace 43 años. Cuando se conocieron en 1972, jamás pensaron que este lunes serían una de las primeras parejas homosexuales en salir por la puerta de cristal de la Oficina del Registro Demográfico con una certificación de anotación con sello oficial del Gobierno de Puerto Rico, donde se les reconoce su amor con las mismas protecciones con que goza un matrimonio heterosexual.
«Uno se convierte en una sola persona», comentó Efraín Cano Montalvo, de 63 años, luego de compartir una relación con Emilio Reynes Boneta, de 66, durante casi toda su existencia. El 1 de agosto de 2015, cumplirían nueve años de aniversario, tras contraer matrimonio en Quebec (Canadá), con la celebración adicional de que sus derechos como esposos ahora tendrían que ser reconocidos en Puerto Rico, tras la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

(Laura Quintero/NotiCel)
Esto significaría, por ejemplo, que tienen derecho a acompañar y tomar decisiones sobre su pareja durante hospitalizaciones, que tienen derecho a herencia, separación de bienes, a adopción, así como a reclamar su parte en divorcios.
Desde que formaron una relación, han superado el rechazo de familiares, han sobrellevado los estigmas sociales por el mero hecho de ser homosexuales, se han apoyado durante hospitalizaciones, así como en sus metas profesionales. Hoy, a sólo días de cumplir aniversario, Efraín y Emilio lograron lo inimaginable: «esto es un sueño hecho realidad», reiteró el banquero jubilado.
Ambos llevan una camisa de botones abierta al pecho, colorida, un mahón y zapatos cómodos. Efraín tiene el pelo recogido en una cola, patillas largas y lentes redondos al estilo John Lennon. Emilio tiene su abundante cabellera blanca dividida por una partidura perfecta. Coloca su mano con el anillo de oro, sobre la pierna, mientras conversa sentado en el andador. Se conocieron en la década de los 70, durante los años universitarios, cuando tan solo tenían 19 y 22 años. Se conocieron y se enamoraron.
«Pasamos todo ese período difícil, cuando no se podía hablar sobre esto. Era como si fuéramos criminales», comentó Efraín, al aclarar que siempre hablaron con honestidad sobre su orientación sexual, por lo que se ganaron el respeto de compañeros de trabajo y allegados, aunque su familia nunca lo aceptó.
«Si vivo con él durante toda una vida, que todas las propiedades están a nuestro nombre, mi sobrino que nunca se ha interesado por mí o mi papá, que nunca me aceptó, hubieran tenido más derecho que él… Él no hubiera podido tomar decisiones por mí», lamentó sobre la desprotección que existía previo a la determinación suprema.